1. Levantamiento en terreno
Vamos a la obra, vemos el punto de conexión, medimos la distancia real al tablero y revisamos el acceso. De ahí sale la cotización, no de un plano.
El empalme provisorio es lo primero que hay que resolver y lo último que alguien se acuerda de pedir. Nosotros dimensionamos la potencia que necesita tu faena, armamos el tablero de obra en nuestro propio taller y coordinamos el trámite con la distribuidora, para que el día que llega la cuadrilla haya dónde enchufar.
Es la conexión eléctrica temporal que alimenta la obra mientras se construye. Tiene su propio medidor y su propio tablero, y se da de baja cuando la obra termina.
En terreno se ve así: un punto de conexión, un medidor y un tablero cerrado del que salen los tomacorrientes de la betonera, la sierra de banco, la iluminación de seguridad y la oficina. Todo eso consume de golpe: una betonera partiendo tira un peak que un empalme mal dimensionado no aguanta.
Es distinto del definitivo, que se pide para el inmueble terminado y con el proyecto eléctrico completo. Lo que más atrasa una obra no es el trabajo eléctrico: es haber pedido tarde. Entre la solicitud y la conexión pasan semanas, así que esto va en la planificación, junto con el cierre y los permisos.
Del dimensionamiento hasta dejar la faena energizada, dicho antes de cotizar.
No publicamos precio de referencia: un empalme de 10 kW a diez metros del poste y uno de 60 kW a ochenta metros no se parecen.
Casi todos los contratistas compran el tablero armado y lo instalan. Nosotros somos integrador oficial Legrand y tenemos taller propio de tableros en La Serena, y eso cambia el plazo, el dimensionamiento y a quién le reclamas cuando algo falla en terreno.
Un tablero de catálogo trae las salidas que trae. El tuyo lleva las que la obra necesita: tomas trifásicas para la máquina pesada, monofásicas para herramienta y oficina, y reserva para lo que llegue después. Con material Legrand, en gabinete metálico cerrado y rotulado circuito por circuito.
Cuando el tablero se compra, el plazo es el del proveedor. Al fabricarlo en casa, la fecha de entrega la ponemos nosotros y la calzamos con la conexión de la distribuidora. Si la obra se adelanta, el taller se adelanta.
Cuando el tablero da problemas, empieza el partido entre el que lo vendió y el que lo instaló, con la obra parada en el medio. Aquí el tablero, el alimentador y la tierra son del mismo equipo: nos llamas a nosotros y vamos nosotros.
La instalación de faena es trabajo de terreno y el equipo se traslada. Cubrimos la Región de Coquimbo y Atacama desde La Serena, y la Región Metropolitana con equipo propio, y evaluamos obras en otras regiones.
Esta forma de trabajar salió de obras grandes, donde una instalación provisoria mal resuelta detiene a decenas de personas. En el Hospital Regional de Copiapó ejecutamos 8.848 m² y en el Hospital Comunitario de Diego de Almagro, 5.328 m². A eso se suman los CESFAM de La Serena, Copiapó, Huasco Bajo, Chañaral Alto y Monte Patria, el Centro de Salud Mental de Ovalle y Teletón Coquimbo: 62.890 m² ejecutados. En todas hubo una etapa sin energía definitiva en que había que trabajar igual, con la inspección técnica encima.
Así trabajamos los tableros: mira el taller. Y si aún no sabes qué potencia pedir, acá va cómo se calcula.
La mitad de los antecedentes los tiene el mandante y la otra mitad los preparamos nosotros. Presentado incompleto vuelve observado, y ahí se pierden semanas.
Los formularios cambian según la distribuidora de la zona; al cotizar te decimos qué te van a pedir.
Desde que nos escribes hasta que la faena queda energizada, el orden es el mismo.
Vamos a la obra, vemos el punto de conexión, medimos la distancia real al tablero y revisamos el acceso. De ahí sale la cotización, no de un plano.
Definimos la potencia, armamos la carpeta técnica y presentamos la solicitud. Te informamos en qué estado va, sin que tengas que preguntar.
Mientras corre el trámite, el tablero se arma en el taller. Cuando la distribuidora conecta, montamos, tendemos el alimentador y probamos circuito por circuito.
No es la respuesta para todas las obras: hay casos en que arrendar un generador sale mejor.
Si tu caso está en la segunda columna te lo vamos a decir: preferimos perder una cotización a dejarte con un empalme que llegó tarde.
Lo nuestro —levantamiento, cálculo, carpeta y tablero— se resuelve en días. El plazo total lo manda la distribuidora: entre la solicitud y la conexión pueden pasar semanas. Lo que sí controlamos es presentar completo a la primera.
Depende de qué máquinas vas a tener y cuáles parten al mismo tiempo: no se suman todas las placas. Pedir de menos deja la protección bajando todo el día; pedir de más es pagar por potencia que no usas.
No publicamos un precio y no vamos a inventar uno: depende de la potencia, la distancia al punto de conexión, el tablero y el terreno. Con la ubicación, la potencia estimada y una foto te cotizamos.
No. Son dos empalmes distintos: el provisorio se dimensiona para las máquinas de la construcción y se da de baja al terminar, y el definitivo va con el proyecto eléctrico completo del inmueble.
Lo fabricamos. Tenemos taller propio en La Serena y ahí se arma el de tu obra, a la medida de la potencia y las salidas, con material Legrand. Así controlamos el plazo y respondemos por el tablero completo.
Sí. Desde La Serena cubrimos la Región de Coquimbo y Atacama, tenemos equipo propio en la Región Metropolitana y evaluamos obras en otras regiones. Tenemos obras ejecutadas en Copiapó, Diego de Almagro, Huasco, Ovalle y Monte Patria.
Si el tablero se dejó con reserva, se habilitan circuitos adicionales. Si la potencia contratada ya no alcanza, hay que pedir un aumento a la distribuidora: otro trámite con su plazo. Por eso preguntamos al cotizar.
Cuéntanos dónde está la obra, qué potencia estimas, a qué distancia queda el punto de conexión y para cuándo necesitas energía en terreno. Con eso te decimos qué potencia conviene solicitar, qué tablero necesita la faena y qué plazo real puedes comprometer en tu programa. Respondemos dentro del día hábil.