El RIC N°02 define el cortocircuito como una falla en que el valor de impedancia es muy pequeño, lo cual causa una circulación de corriente particularmente alta respecto de la capacidad normal del circuito. Un tablero de 250 A nominales puede tener que soportar, por fracciones de segundo, decenas de miles de amperes. Ese valor no depende del tablero sino de su posición en la red: de la potencia del transformador, de su tensión de cortocircuito y de la impedancia del conductor intermedio.
El RIC N°18 acepta dos caminos: cálculos de cortocircuito o los niveles informados por la empresa distribuidora. Con transformador propio el orden de magnitud se estima dividiendo su corriente nominal por la tensión de cortocircuito en tanto por uno: con 4%, unas 25 veces la corriente nominal. Es conservador porque desprecia la impedancia de la red y del conductor: sirve para descartar una oferta con capacidad de corte insuficiente, pero no reemplaza el cálculo del proyecto.
Icu, Ics e Icw: tres cifras que no son la misma
Aquí está el error de especificación más caro del rubro: la corriente nominal y la capacidad de corte son magnitudes independientes. Un interruptor de 100 A puede tener 25, 50 o 70 kA de capacidad de corte, con precios muy distintos y la misma etiqueta de amperaje. La IEC 60947-2 desglosa lo que el RIC N°02 llama capacidad de ruptura: Icu, poder de corte último, tras el cual el equipo puede quedar inservible; Ics, poder de corte de servicio, un porcentaje de Icu tras el cual vuelve a operar; e Icw, corriente admisible de corta duración, la que soporta un tiempo definido sin dispararse.
El cortocircuito tampoco afecta solo a las protecciones: genera esfuerzos capaces de doblar barras o arrancar soportes. El RIC N°02 exige que todos los elementos internos que soportan equipos resistan los esfuerzos electrodinámicos producidos por las corrientes de falla, y fija un umbral: en tableros de más de 500 A los soportes de barras se dimensionan con el cálculo de esfuerzos dinámicos originados en la más alta corriente de cortocircuito estimada, que debe incorporarse en la memoria explicativa según el punto 6.2 del RIC N°18.
Selectividad: que no se caiga el edificio entero
Selectividad es que ante una falla dispare solo la protección inmediatamente aguas arriba del punto fallado; sin ella, un cortocircuito en un enchufe de bodega deja el edificio completo sin energía. La exigencia chilena tiene umbral: el RIC N°18 establece que para instalaciones cuya potencia declarada sea superior a 20 kW, o conectadas a través de un empalme en media tensión, la memoria explicativa debe incluir el estudio de coordinación y selectividad de protecciones, los cálculos de iluminación y el cálculo y diseño del sistema de puesta a tierra.
La amperimétrica se apoya en la diferencia de calibres: funciona lejos de la fuente y falla cerca del transformador. La cronométrica retarda la protección de aguas arriba y exige que la que espera soporte la falla mientras espera: eso se lee en su Icw. La lógica hace que la de aguas arriba bloquee su disparo cuando la de abajo avisa. Y un punto que rara vez aparece en una oferta: la selectividad total no se demuestra superponiendo curvas de catálogo, sino con las tablas que publica cada fabricante para pares de sus propios equipos. Sin esa tabla, la selectividad queda declarada pero no demostrada.