Guía técnica · Galpones, bodegas y centros de distribución

Climatización de galpones y bodegas: cómo se dimensiona de verdad

La consulta llega casi siempre igual: «tengo un galpón de 3.000 m², ¿cuánto cuesta climatizarlo?». La pregunta parece razonable y está mal formulada, porque en una nave industrial el metro cuadrado no dice casi nada. Manda el volumen, manda la cubierta de zinc sin aislación, mandan los portones que se abren cien veces al día y manda lo que ocurre adentro. Esta guía explica el método completo, con la normativa chilena que sí aplica, y también la conclusión incómoda: en la mayoría de los galpones de este país la respuesta correcta no es aire acondicionado.

DS 594/1999 · MINSALArtículo 98 bis · D.O. 16-01-2026Índice TGBHDestratificaciónVentilación mecánicaTaller propio de ductosCobertura nacional
La respuesta corta

¿Se puede dimensionar la climatización de un galpón por metro cuadrado?

No. Un galpón no es una oficina alta. En una oficina el criterio por superficie funciona razonablemente bien porque la altura es casi siempre la misma, la envolvente está aislada, la ocupación es predecible y las cargas internas —personas, iluminación, equipos— son parecidas de un edificio a otro. Ninguna de esas cuatro condiciones se cumple en una nave industrial.

Dos bodegas con la misma planta de 3.000 m² pueden diferir en un factor de varias veces en carga térmica. Una tiene 6 metros de altura libre y la otra 12: el volumen a tratar se duplica con la misma planta. Una tiene cubierta de panel aislado y la otra plancha de zinc a la vista, que prácticamente no ofrece resistencia térmica y que bajo sol pleno se comporta como un radiador de 3.000 m² sobre las cabezas de la gente. Una abre el portón dos veces por turno y la otra tiene tres andenes de carga trabajando en continuo, con lo que la infiltración de aire exterior pasa de ser un detalle a ser la carga dominante. Y una guarda pallets quietos mientras la otra tiene cuatro grúas horquilla, una zona de picking y una línea de embalaje.

Por eso, cuando alguien cotiza un galpón por metro cuadrado o por «frigorías por metro cúbico», no está calculando: está poniendo un precio. Puede acertar por casualidad, y cuando no acierta el error se paga dos veces, porque un sistema sobredimensionado cuesta más de instalar y también más de operar, y uno subdimensionado no logra la condición y hay que rehacerlo.

La segunda parte de la respuesta corta es la que casi nadie pone por escrito: en la mayoría de los galpones chilenos la solución correcta no es climatizar el volumen completo. Lo que resuelve el problema real —y lo que además cumple la norma— suele ser la combinación de destratificación, ventilación mecánica dimensionada y climatización acotada a las zonas ocupadas: oficinas de bodega, sala de picking, sala eléctrica, comedor y camarines. Lo desarrollamos más abajo.

Nota de precisión: en el rubro circulan reglas de bolsillo del tipo «40 a 60 frigorías/h por m³» o «100 W por m³ sin aislación». No las publicamos como criterio de cálculo porque no tienen respaldo normativo ni una fuente técnica chilena que las sostenga, y porque su rango es tan ancho que no sirve para decidir nada. Preferimos explicar el método y pedir los datos de entrada.

El cálculo, por partes

Las seis variables que sí determinan la carga de un galpón

Un balance térmico de nave industrial se arma sumando ganancias y pérdidas por cada uno de estos frentes, hora a hora y en la condición de diseño del emplazamiento. Ninguno se puede reemplazar por un coeficiente por metro cuadrado.

01 · Volumen y altura libre

El aire que hay que mover y tratar es proporcional al volumen, no a la planta. Y la altura hace algo peor que multiplicar: estratifica. El aire caliente sube y se acumula bajo la cubierta, así que en verano el techo acumula el calor que la gente no aprovecha, y en invierno la calefacción termina calentando el cielo de la nave mientras a nivel de piso siguen con frío.

02 · Envolvente y cubierta

Es el frente que más se subestima. Una cubierta de plancha metálica de una sola hoja no tiene prácticamente resistencia térmica, y además absorbe radiación solar directa sobre una superficie enorme. En muchos galpones chilenos la cubierta pesa más que toda la carga interna sumada. Aislar, ventilar la cámara bajo cubierta o cambiar el acabado por uno de mayor reflectancia son decisiones de proyecto, no accesorios.

03 · Infiltración por portones

Cada apertura de un portón de andén mete un volumen de aire exterior que no pasó por ningún equipo. Si el andén trabaja todo el día, la infiltración deja de ser una corrección del cálculo y pasa a ser el término dominante. Es también la razón por la que climatizar el volumen completo de una bodega con andenes activos es tirar energía a la calle: lo tratamos aparte.

04 · Carga del proceso

Motores, compresores, hornos, líneas de embalaje, cargadores de baterías, servidores y —muy frecuente— la iluminación antigua. Todo lo que consume electricidad adentro termina convertido en calor adentro. Aquí hay una buena noticia poco conocida: cuando se hace recambio de luminarias, además de bajar el consumo, se retira carga térmica del recinto, y eso reduce el equipo de climatización que hay que comprar.

05 · Ocupación y esfuerzo físico

No es lo mismo diez personas supervisando que treinta paleteando. La normativa chilena lo reconoce de forma explícita: el límite de carga calórica depende del costo energético del trabajo. El DS 594 tabula, por ejemplo, 270 kcal/h para caminar a 5 km/h sin carga y 468 kcal/h para palear diez veces por minuto. La misma nave, con la misma temperatura, cumple o no cumple según lo que la gente esté haciendo adentro.

06 · Clima del emplazamiento

La condición de diseño exterior se toma del sitio, no de una tabla nacional. Para eso usamos datos climáticos del emplazamiento —el Explorador Solar del Ministerio de Energía para el recurso solar y las series de la Dirección Meteorológica de Chile o el Explorador Climático del (CR)² para temperatura y humedad—. Un galpón en Calama, uno en La Serena y uno en Santiago no comparten ni la temperatura de diseño ni, sobre todo, la humedad, que es la variable que decide si ciertas tecnologías sirven o no.

Si tu instalación además va a requerir potencia eléctrica nueva —extractores, unidades exteriores, destratificadores—, ese cálculo no termina en el equipo de clima: cambia la demanda de la instalación y puede obligar a revisar el empalme. Lo explicamos en la guía de cálculo de potencia y empalme eléctrico.

El marco que de verdad aplica

Qué exige el DS 594 en una bodega, y qué no exige

La climatización de un galpón no se rige por el confort de una oficina. Se rige por el Reglamento sobre Condiciones Sanitarias y Ambientales Básicas en los Lugares de Trabajo, el DS N°594 de 1999 del Ministerio de Salud. Conviene leerlo con cuidado, porque exige menos de lo que muchos creen en un frente y bastante más en otro.

Lo que exige en ventilación

El artículo 32 es general y obliga a mantener, por medios naturales o artificiales, una ventilación que contribuya a proporcionar condiciones ambientales confortables y que no cause molestias ni perjudique la salud del trabajador. El artículo 33 agrega la regla que más se incumple en naves industriales: cuando hay agentes definidos de contaminación —aerosoles, humos, gases, vapores u otras emanaciones nocivas— hay que captarlos en su origen e impedir su dispersión por el local. Es decir, extracción localizada, no un extractor grande en la cumbrera.

El artículo 34 —cuyo texto vigente proviene del DS N°201 de 2001 del Ministerio de Salud, publicado en el Diario Oficial del 5 de julio de 2001— es el que entrega números: los locales de trabajo se diseñan para 10 m³ por trabajador como mínimo, salvo que se justifique una renovación adecuada del aire por medios mecánicos, en cuyo caso se debe recibir aire fresco y limpio a razón de 20 m³ por hora y por persona, o una cantidad tal que provea 6 cambios de aire por hora como mínimo, pudiendo llegar a 60 según las condiciones ambientales o la magnitud de la concentración de contaminantes. Y el artículo 35 pone el límite que se olvida cuando se resuelve todo a punta de ventiladores: en las áreas ocupadas por los trabajadores la velocidad del aire no debe exceder 1 metro por segundo.

Aquí aparece un matiz que cambia el proyecto. En un galpón el mínimo de 10 m³ por trabajador se cumple con enorme holgura solo por la geometría del edificio: una nave de 3.000 m² con 8 metros de altura tiene 24.000 m³, que alcanzarían nominalmente para 2.400 personas. O sea, el requisito volumétrico nunca es el que aprieta. Lo que aprieta son los otros dos: los 6 a 60 cambios por hora cuando hay contaminantes, y la carga calórica. Una lectura apurada del artículo 34 lleva a concluir que una bodega «ya cumple» y a no ventilar nada. Es un error frecuente en memorias de cálculo.

Como contraste internacional útil, la norma ASHRAE 62.1 asigna a la categoría de bodegas («Warehouses» en su tabla de tasas mínimas de aire exterior) una tasa por superficie y sin tasa por persona: del orden de 0,06 cfm por pie cuadrado, equivalente a unos 0,3 litros por segundo y por metro cuadrado. Las salas de almacenamiento ocupadas de forma permanente quedan en otra categoría, con una tasa mayor. Es una referencia de orden de magnitud para contrastar, no una norma chilena: en Chile lo exigible es el DS 594.

Lo que exige en calor: el índice TGBH

Este es el corazón del asunto y casi nunca aparece en las propuestas comerciales. El artículo 96 define la carga calórica ambiental como el efecto de cualquier combinación de temperatura, humedad, velocidad del aire y calor radiante, expresada mediante el Índice de Temperatura de Globo y Bulbo Húmedo (TGBH). Bajo techo o sin carga solar, la fórmula es TGBH = 0,7 TBH + 0,3 TG, donde TBH es la temperatura de bulbo húmedo natural y TG la temperatura de globo. Las lecturas se toman una vez estabilizado el termómetro de globo, entre 20 y 30 minutos.

Los valores límite permisibles del índice, para trabajo continuo y trabajadores aclimatados, completamente vestidos y con provisión adecuada de agua y sal, son 30,0 °C para trabajo liviano (costo energético inferior a 375 kcal/h), 26,7 °C para trabajo moderado (375 a 450 kcal/h) y 25,0 °C para trabajo pesado (superior a 450 kcal/h). Si se alterna trabajo y descanso, los límites suben: con un régimen de 50% trabajo y 50% descanso cada hora, por ejemplo, pasan a 31,4 / 29,4 / 27,9 °C respectivamente. El artículo 97 obliga a calcular la exposición como promedio ponderado en el tiempo entre las distintas áreas de trabajo y descanso, y el 98 hace lo propio con el costo energético.

Traducido a lenguaje de proyecto: la exigencia legal no es una temperatura, es un índice que mezcla temperatura, humedad y radiación, y cuyo umbral depende del esfuerzo físico. Un galpón a 29 °C con aire seco y sin techo radiante puede cumplir holgadamente para trabajo liviano; el mismo galpón a 29 °C con humedad alta y cubierta al rojo puede estar fuera de norma. Por eso la pregunta correcta al cliente no es «¿a cuántos grados lo quieres?», sino «¿qué se hace adentro, cuántas horas y en qué zonas?».

Lo nuevo: el artículo 98 bis, vigente desde enero de 2026

El decreto N°40 del Ministerio de Salud, de 1 de septiembre de 2025, publicado en el Diario Oficial N°44.350 del viernes 16 de enero de 2026, incorporó al DS 594 un artículo 98 bis nuevo. Obliga a los empleadores a tomar las medidas necesarias para proteger la salud de las personas trabajadoras frente a altas temperaturas y altas temperaturas extremas, sin perjuicio de las evaluaciones ambientales permanentes por estrés térmico que ya se deben realizar. En concreto exige, al menos: informarse diariamente de las alertas meteorológicas de la Dirección Meteorológica de Chile y hacer seguimiento de las alertas por calor de Senapred; identificar y evaluar la exposición a altas temperaturas en los distintos puestos de trabajo, con las herramientas que debe otorgar el organismo administrador de la Ley N°16.744; y elaborar, junto a ese organismo y con participación de las personas trabajadoras, un plan de gestión, reducción y respuesta ante emergencias que gestione anticipadamente esa exposición.

Para una bodega o un centro de distribución esto tiene una consecuencia práctica muy concreta: la climatización de la nave dejó de ser solo un tema de productividad y pasó a ser parte de un plan documentado. La empresa tiene que poder mostrar puestos de trabajo identificados, exposición evaluada y medidas asociadas. Un proyecto que entrega mediciones por zona y una memoria con el TGBH esperado en cada una es, además de mejor ingeniería, la evidencia que después se pide.

Lo que exige en frío, en iluminación y en altura

Hay tres frentes menos comentados que aparecen en obras reales. Primero, el frío: el artículo 99 define la exposición al frío por las combinaciones de temperatura y velocidad del aire capaces de bajar la temperatura profunda del cuerpo a 36 °C o menos, y fija los 10 °C al aire libre como temperatura ambiental crítica; los artículos 100 y 101 desarrollan protección personal y límites de tiempo de exposición en recintos cerrados, y el 102 exige que las cámaras frigoríficas cuenten con sistemas de seguridad y vigilancia que faciliten la salida rápida del trabajador en caso de emergencia. Esto aplica a bodegas de valles interiores y del sur, y a operaciones de frío.

Segundo, la iluminación: el artículo 103 fija 150 lux como mínimo promedio para pasillos y bodegas, medidos sobre el plano de trabajo o a 80 centímetros del suelo, y sube fuertemente para tareas de detalle. Es una partida eléctrica, no de clima, pero se resuelve en el mismo proyecto y en el mismo tablero. Tercero, la altura geográfica: sobre 1.000 metros sobre el nivel del mar, el artículo 63 obliga a corregir los límites permisibles expresados en mg/m³ multiplicándolos por el factor Fa = P/760, con P la presión atmosférica local. Es un detalle que importa en faenas de altura y en bodegas de la Región de Antofagasta.

Y lo que no aplica: la reglamentación térmica de la OGUC

Conviene decirlo derecho, porque aparece en licitaciones mal redactadas. La reglamentación térmica del artículo 4.1.10 de la OGUC no rige para un galpón industrial ni para una bodega. El DS N°15 (V. y U.) de 2021, publicado en el Diario Oficial el 27 de mayo de 2024, reemplazó los artículos 4.1.10 y 4.1.10 bis y estableció exigencias de acondicionamiento térmico de la envolvente para edificaciones de uso residencial y de equipamiento de las clases educación y salud, con excepción de cementerios y crematorios; su vigencia comenzó el 28 de noviembre de 2025. La edificación industrial y de bodegaje queda fuera de ese ámbito.

La conclusión no es «entonces la envolvente da lo mismo», sino la contraria y más exigente: como no hay una exigencia mínima que te obligue, la decisión sobre aislar o no la cubierta queda entera en manos del mandante y de su ingeniero, y se toma por costo de operación a diez años, no por cumplimiento. En un galpón con carga de refrigeración relevante, aislar la cubierta puede reducir de forma sostenida el equipo necesario y su consumo. En una bodega seca sin gente permanente, puede no justificarse. Es una evaluación, no una regla.

La conclusión incómoda

En la mayoría de los galpones chilenos la respuesta no es aire acondicionado

Climatizar 24.000 m³ de aire para que trabajen veinte personas en tres zonas es una decisión difícil de defender, técnica y económicamente. Salvo que el producto lo exija, lo correcto es tratar tres capas distintas, en este orden.

1. Destratificación

Recircular el aire caliente que se acumula bajo la cubierta y devolverlo a la zona ocupada. Es la intervención de mejor relación entre resultado y costo en naves altas, y la primera que evaluamos.

  • En invierno recupera calor que ya compraste
  • En verano ayuda al movimiento de aire sobre las personas
  • Cuidando el límite de 1 m/s del artículo 35

2. Ventilación mecánica

Renovar el aire del recinto y sacar contaminantes en su origen. Es la capa que la norma exige de verdad y la que resuelve el problema sanitario, no solo la sensación térmica.

  • Caudal por cambios/hora y por contaminante, no por metro cuadrado
  • Extracción localizada donde hay emisión, según el artículo 33
  • Ductos en plancha galvanizada de nuestro taller propio

3. Climatizar solo lo ocupado

Concentrar el aire acondicionado donde hay permanencia real: oficinas de bodega, sala de picking, sala eléctrica y de servidores, comedor y camarines. Ahí sí se justifica un equipo y ahí sí se controla.

Por qué la destratificación va primero

En una nave de gran altura el aire caliente se acumula bajo la cubierta y no vuelve solo. La literatura técnica reporta gradientes verticales del orden de medio grado a grado y medio por metro de altura en condiciones de aire quieto, lo que en una nave de 12 metros significa una diferencia de varios grados entre el nivel de piso y la cumbrera. El estudio A study of thermal destratification for large warehouse energy savings, publicado en Energy and Buildings en 2017, abordó el problema en dos naves industriales combinando mediciones en terreno y simulación CFD, y trata la estratificación térmica como una de las mayores causas de pérdida energética en invierno en este tipo de edificios.

Vale la pena ser preciso con el alcance, porque es un tema donde el material de catálogo exagera: la destratificación no genera frío. En invierno recupera energía que ya se compró y estaba desperdiciada arriba, y ese efecto es real y medible. En verano su aporte es distinto y más modesto: uniformiza la temperatura y mueve aire sobre las personas, lo que mejora la sensación térmica, pero no baja la temperatura del aire de la nave. Si el problema de verano es carga solar sobre la cubierta, la destratificación por sí sola no lo resuelve; hay que atacar la envolvente y la ventilación. Cualquiera que te venda ventiladores como aire acondicionado te está vendiendo mal.

El agujero del cálculo

Qué se hace con los portones que se abren todo el día

La infiltración por portones es el término que más veces se omite en las memorias de cálculo de galpones y el que más veces explica que un sistema «bien dimensionado» no cumpla. La física es simple: cuando un portón se abre, la diferencia de temperatura entre interior y exterior genera un flujo por diferencia de densidad —aire frío entrando por abajo, aire caliente saliendo por arriba— y el viento sobre la fachada lo amplifica. Ese flujo no pasa por ningún filtro ni por ningún equipo: entra crudo.

Cuando la operación es de andén continuo, el volumen de aire exterior que ingresa en una jornada puede superar largamente el caudal de diseño del sistema de climatización. Ahí no hay equipo que alcance, y es exactamente el escenario en que climatizar el volumen completo de la nave se convierte en un gasto sin resultado.

Qué se hace, en orden de prioridad

  • Reducir el tiempo de apertura. Portones rápidos, control por sensor y disciplina operacional. Es la medida más barata y la que más rinde, y casi siempre es un tema de operación antes que de equipos.
  • Sellar el vehículo contra el edificio. Abrigos y sellos de andén hacen que la puerta abierta quede contra el camión y no contra el exterior. Es la solución de fondo en centros de distribución.
  • Crear una zona tapón. Una antecámara, una esclusa o simplemente una zona de andén que no forme parte del recinto climatizado, de modo que la infiltración se descargue en un espacio que no se está tratando.
  • Cortinas de aire. Sirven, pero tienen un límite claro: su rendimiento cae con el viento cruzado y con la diferencia de presión, y su chorro debe respetar el límite de velocidad de aire sobre las personas del artículo 35. No son un sustituto de las tres medidas anteriores.
  • Presurizar levemente el recinto. Aportar más aire de impulsión que de extracción para que el flujo neto salga en vez de entrar. Es una herramienta de diseño, no un parche, y hay que calcularla: mal aplicada mueve el problema a otra puerta.

Un apunte de gestión que ahorra discusiones: si el proyecto contempla portones rápidos o abrigos de andén, esa inversión debe quedar en la misma evaluación que la climatización, porque cambia el equipo que se compra. Presentarlas por separado es la manera clásica de terminar con un sistema grande alimentando una puerta abierta.

La pregunta del norte

Enfriamiento evaporativo: sirve, pero no por la razón que te van a decir

En el norte de Chile la pregunta llega siempre: «¿por qué no ponemos enfriadores evaporativos y listo?». Es una pregunta legítima. El clima seco del interior de Atacama y Antofagasta es, en teoría, el mejor escenario posible para esta tecnología, porque el potencial de enfriamiento es justamente la diferencia entre la temperatura de bulbo seco y la de bulbo húmedo, y en aire muy seco esa diferencia es grande.

Pero hay una limitación física que conviene entender antes de comprar. Un enfriador evaporativo directo funciona por saturación adiabática: el aire pasa por un medio húmedo, se enfría y al mismo tiempo se humidifica. Su temperatura de salida solo puede aproximarse a la temperatura de bulbo húmedo del aire de entrada, nunca bajarla, y qué tanto se acerca depende de la eficiencia de saturación del equipo. Como el proceso es prácticamente adiabático, el bulbo húmedo casi no cambia: baja el bulbo seco y sube la humedad.

Por qué eso importa para el cumplimiento del DS 594

Aquí está el punto que casi nadie hace y que cambia la conversación. Recordemos la fórmula del artículo 96 para recintos bajo techo: TGBH = 0,7 TBH + 0,3 TG. El índice que la ley usa para decidir si un puesto de trabajo cumple pondera el bulbo húmedo al 70%. Y el enfriamiento evaporativo, por su propia física, baja el bulbo seco y el globo pero deja el bulbo húmedo prácticamente donde estaba.

La consecuencia es directa: la mejora que el evaporativo produce en el índice legal es una fracción de la que muestra el termómetro. Puedes bajar varios grados la temperatura que lee el instrumento de la sala y mover el TGBH mucho menos. El equipo puede ser perfectamente útil para el confort percibido de los trabajadores —y lo es, en clima seco— y aun así no ser suficiente para llevar un puesto de trabajo pesado dentro del límite de 25,0 °C de TGBH. Si la propuesta que estás evaluando promete cumplimiento del DS 594 con enfriamiento evaporativo y no muestra el cálculo del índice, pide ese cálculo.

Las otras dos condiciones que hay que revisar

La primera es de caudal: un evaporativo directo es un sistema de paso único. Toma aire exterior, lo enfría y lo descarga en el recinto, y ese aire tiene que salir. Eso exige superficie de descarga suficiente y es incompatible con un recinto que se quiere mantener cerrado y presurizado. En un galpón con portones eso es manejable; en una sala cerrada, no.

La segunda es de agua y de mantención. El equipo consume agua de forma continua, y la calidad del agua en el norte —dura y con alto contenido de sales— incrusta los medios evaporativos y obliga a purgas y recambios. Además, cualquier sistema que genera aerosol de agua templada exige un plan de mantención sanitaria serio. Es una tecnología válida y de bajo consumo eléctrico, pero no es «instalar y olvidar».

Y en la costa la respuesta cambia por completo: en La Serena, Coquimbo, Valparaíso o Iquique la humedad relativa es alta y la diferencia entre bulbo seco y bulbo húmedo es pequeña, así que el potencial de enfriamiento se reduce mucho. Ahí el evaporativo directo rara vez es la respuesta.

La pregunta de negocio

¿Qué estás protegiendo: personas, producto o equipos?

Es la pregunta que ordena todo el proyecto y la primera que hacemos. Cada respuesta lleva a una solución distinta, a un criterio de diseño distinto y a un presupuesto distinto. Mezclarlas es la causa más común de un proyecto que no satisface a nadie.

Personas

El criterio es el TGBH del DS 594 en cada puesto y para el esfuerzo real de la tarea, más los cambios de aire y la extracción de contaminantes. Con este objetivo casi nunca se justifica climatizar el volumen completo: se destratifica, se ventila y se acondicionan las zonas de permanencia. Y ahora, con el artículo 98 bis, también hay que dejar el plan escrito.

Producto

Aquí manda la ficha del producto o la normativa sanitaria, no el confort. El Reglamento Sanitario de los Alimentos, DS N°977 de 1996 del MINSAL, obliga en su artículo 67 a almacenar y transportar los productos terminados en condiciones adecuadas de temperatura y humedad, y en su artículo 24 a proyectar las instalaciones asegurando condiciones de temperatura apropiadas. Cuando hay rangos específicos, aparece la exigencia de registro: el artículo 89, por ejemplo, pide para salas de desosado, trozado, empaque y pesaje un dispositivo de enfriamiento que mantenga una temperatura no superior a 12 °C y un sistema de registro permanente de temperatura (texto vigente según el Dto. N°68 de 2005 del Ministerio de Salud, D.O. 23-01-2006; la versión original del reglamento decía 8 °C y ese valor todavía circula en documentos técnicos).

Equipos

Salas eléctricas, salas de servidores, salas de UPS y de cargadores dentro de la nave. Son cargas continuas, sin estacionalidad y con tolerancia estrecha, y no se resuelven con el sistema general del galpón ni con un equipo de confort. Se calculan como recinto propio, con su tablero, su respaldo y su monitoreo.

Dónde está la frontera de esta guía

Si tu bodega necesita mantener producto en rango de refrigeración o congelado, eso ya no es climatización de confort: es refrigeración industrial, con su propia envolvente, su propio equipamiento y su propio régimen de operación. Esta guía cubre el acondicionamiento del recinto de trabajo y el control de las condiciones ambientales de una bodega seca o de una nave de proceso; no cubre el diseño de cámaras frigoríficas ni de túneles de congelado, y no vamos a decir que sí a algo que no es lo nuestro. Cuando el proyecto tiene ambos componentes, lo normal es que la refrigeración de proceso la lleve un especialista y nosotros tomemos la climatización de las zonas ocupadas, la ventilación y toda la parte eléctrica.

Hay un punto adicional que aplica a operaciones grandes. La Ley N°21.305 de Eficiencia Energética definió a los Consumidores con Capacidad de Gestión de la Energía como aquellos con consumo superior a 50 tera-calorías al año, y les exige implementar y mantener un Sistema de Gestión de Energía y reportar consumo y metas, con fiscalización de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles. Si tu empresa está en ese grupo, la ventilación y la climatización del centro de distribución no son una partida aislada: entran en el sistema de gestión, con medición y con metas. Vale la pena que el proyecto nazca con instrumentación, no que se la agreguen después.

Y una nota sobre nuestra experiencia, dicha con precisión. Las obras que publicamos son principalmente de salud y edificación pública —Hospital Regional de Copiapó, Hospital de Diego de Almagro, Instituto de Rehabilitación Teletón de Coquimbo, CESFAM Emilio Schaffhauser, CESFAM Chañaral Alto, entre otras—, con más de 20 años de trayectoria y más de 62.890 m² intervenidos. Un galpón no es un hospital, pero comparte exactamente la misma disciplina de trabajo: balance térmico, ventilación calculada, ductería fabricada en taller propio en plancha galvanizada, tablero y control. La exigencia de renovaciones de aire, presiones y filtración que aplicamos en recintos de salud es más estricta que la de una bodega, no menos.

Antes de firmar

Los cuatro puntos que debe traer una propuesta seria

Sirve tanto si nos pides la propuesta a nosotros como si estás comparando varias. Si una oferta no contiene estos cuatro elementos, todavía no es un proyecto de ingeniería: es una lista de equipos con un precio abajo.

01

Objetivo escrito y verificable

No «climatizar la bodega», sino qué condición se garantiza, en qué zona y bajo qué supuesto de operación. Si el objetivo es cumplimiento laboral, la propuesta debe decir qué TGBH se espera en cada puesto y para qué costo energético del trabajo, no una temperatura suelta. Si el objetivo es producto, debe decir el rango y cómo se registra.

02

Balance térmico con supuestos a la vista

Volumen tratado, altura considerada, condición exterior de diseño y su fuente, transmitancia y absortancia asumidas para cubierta y muros, cargas internas por proceso e iluminación, y tasa de infiltración por portones con el número de aperturas por turno. Ese último dato es el que separa un cálculo real de una planilla copiada.

03

Caudales y su justificación normativa

Cuántos cambios de aire por hora, de dónde sale ese número —ocupación, contaminante o carga— y cómo se compatibiliza con el límite de 1 m/s de velocidad de aire en zonas ocupadas. Si hay grúas o equipos a combustión adentro, la propuesta debe hacerse cargo del monóxido de carbono, cuyo límite permisible ponderado en el DS 594 es de 40 ppm.

04

Consumo, potencia eléctrica y mantención

Consumo estimado y, sobre todo, demanda eléctrica en kW, porque un banco de extractores y unidades exteriores puede empujar la potencia contratada y obligar a modificar el empalme. Además: pauta de mantención con frecuencias, repuestos críticos y quién los tiene disponible en la ciudad de la obra. En faena y en el norte, eso decide más que la marca.

Una última recomendación, y va contra nuestro propio interés comercial de corto plazo: antes de cotizar equipos, pide una medición. Dos jornadas de registro de temperatura, humedad y globo en las zonas críticas, en la peor semana del verano, cuestan una fracción de lo que cuesta equivocarse y muchas veces demuestran que el problema estaba en la cubierta y en los portones, no en la falta de máquinas.

Preguntas frecuentes

Galpones y bodegas: dudas habituales

¿Se puede dimensionar la climatización de un galpón por metro cuadrado, como una oficina?

No. En una oficina el criterio por superficie funciona porque la altura, la envolvente y las cargas internas son parecidas de un edificio a otro. En un galpón no se cumple ninguna de esas condiciones: dos naves con la misma planta pueden diferir varias veces en carga térmica según la altura libre, si la cubierta está aislada o es plancha de zinc a la vista, cuántas veces se abren los portones y qué proceso hay adentro. Lo que se calcula es un balance térmico por volumen, envolvente, infiltración, proceso y ocupación, con la condición exterior de diseño del emplazamiento.

¿Cuántos watts o frigorías por metro cúbico necesita un galpón industrial?

No publicamos esa cifra porque no existe una regla con respaldo normativo ni una fuente técnica chilena que la sostenga. En el rubro circulan rangos muy amplios y contradictorios, y como el resultado depende sobre todo de la cubierta y de la infiltración por portones, cualquier valor por metro cúbico puede equivocarse en más del doble en cualquiera de los dos sentidos. Lo correcto es el balance térmico del caso, y esa es también la razón por la que no damos una cifra por teléfono.

¿Conviene climatizar todo el galpón o solo las zonas donde hay gente trabajando?

Salvo que el producto almacenado exija una condición de temperatura, casi siempre conviene la segunda opción. La estrategia habitual tiene tres capas: destratificar para recuperar el aire caliente acumulado bajo la cubierta, ventilar mecánicamente para cumplir las renovaciones de aire y sacar contaminantes, y climatizar solo los recintos de permanencia real, como oficinas de bodega, sala de picking, sala eléctrica, comedor y camarines. Climatizar el volumen completo de una nave con portones activos suele ser gasto sin resultado.

¿Qué exige el DS 594 sobre temperatura y ventilación en una bodega o centro de distribución?

En ventilación, el artículo 32 obliga a mantener ventilación natural o artificial que contribuya a condiciones ambientales confortables; el artículo 33 exige captar los contaminantes en su origen; el artículo 34 fija un mínimo de 10 metros cúbicos por trabajador o, con ventilación mecánica, 20 metros cúbicos por hora y por persona o entre 6 y 60 cambios de aire por hora según las condiciones; y el artículo 35 limita la velocidad del aire en zonas ocupadas a 1 metro por segundo. En calor, el reglamento no fija una temperatura de confort para bodegas: lo exigible es el índice TGBH del artículo 96, que bajo techo se calcula como 0,7 por la temperatura de bulbo húmedo más 0,3 por la de globo, con límites de 30,0 grados Celsius para trabajo liviano, 26,7 para moderado y 25,0 para pesado en régimen continuo. Desde el 16 de enero de 2026 rige además el artículo 98 bis, incorporado por el decreto Nº 40 de 2025 del Ministerio de Salud, que obliga a seguir las alertas de calor, evaluar la exposición por puesto de trabajo y tener un plan de gestión y respuesta.

¿Qué se hace con los portones que se abren y cierran todo el día?

Es el término del cálculo que más se omite y el que más veces explica que un sistema no cumpla. En orden de prioridad: reducir el tiempo de apertura con portones rápidos y control por sensor, sellar el vehículo contra el edificio con abrigos y sellos de andén, crear una zona tapón o antecámara que no forme parte del recinto tratado, y recién después evaluar cortinas de aire, cuyo rendimiento cae con el viento cruzado y cuyo chorro debe respetar el límite de velocidad de aire sobre las personas. También se puede presurizar levemente el recinto para que el flujo neto salga en vez de entrar, pero eso hay que calcularlo. La inversión en portones y sellos debe evaluarse junto con la climatización, porque cambia el equipo que se compra.

¿Sirve un enfriador evaporativo en un galpón del norte de Chile?

Sirve para confort en clima seco, pero conviene entender su límite antes de comprar. El aire de salida solo puede aproximarse a la temperatura de bulbo húmedo de entrada, y como el proceso es prácticamente adiabático baja el bulbo seco y sube la humedad, dejando el bulbo húmedo casi igual. Eso importa porque el índice TGBH que exige el DS 594 bajo techo pondera el bulbo húmedo al 70 por ciento, así que la mejora en el índice legal es una fracción de la que muestra el termómetro. Además es un sistema de paso único que necesita superficie de descarga, consume agua de forma continua y, con el agua dura del norte, exige purgas, recambio de medios y un plan de mantención sanitaria. En la costa, donde la humedad es alta, rara vez es la respuesta.

¿Qué cambia si la bodega guarda producto sensible a la temperatura y no solo mercadería seca?

Cambia el criterio de diseño completo: ya no manda el confort de las personas sino la ficha del producto o la normativa sanitaria. En alimentos, el Reglamento Sanitario de los Alimentos, DS Nº 977 de 1996, obliga en su artículo 67 a almacenar y transportar los productos terminados en condiciones adecuadas de temperatura y humedad, y cuando hay rangos específicos aparece la exigencia de registro permanente de temperatura. También cambia la frontera del servicio: si el requerimiento es refrigeración o congelado, eso es refrigeración industrial y no climatización de confort, y lo normal es que la lleve un especialista mientras nosotros tomamos la climatización de zonas ocupadas, la ventilación y la parte eléctrica.

¿Qué datos necesitan para entregar una propuesta y cuánto demora un proyecto así?

Los datos son: planta y cortes con altura libre, tipo de cubierta y muros y si están aislados, comuna exacta, cantidad y tipo de portones con las aperturas por turno, dotación por zona y qué esfuerzo físico hace cada grupo, listado de equipos y procesos que generan calor adentro, qué se almacena y si tiene exigencia de temperatura, y la potencia eléctrica disponible en el tablero. Si ya hay mediciones de temperatura y humedad del verano, mejor. Los plazos dependen del alcance y de si hay que fabricar ductería o intervenir con la bodega operando, así que no damos una cifra genérica: con esos antecedentes entregamos un programa junto con la propuesta técnica.

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Con la planta y los cortes, la altura libre, el tipo de cubierta, la comuna, los portones y qué hace la gente adentro podemos armar el balance térmico y decirte con criterio si tu caso es ventilación, destratificación, climatización de zonas o una combinación de las tres. Somos una empresa de climatización y electricidad con más de 20 años, más de 50 profesionales en terreno, más de 62.890 m² intervenidos en 27 proyectos y taller propio de ductos y tableros. Y si tu caso no es lo nuestro, te lo vamos a decir.

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