Guía técnica · Selección de sistema de climatización

VRV/VRF, chiller o split: cuál conviene en tu proyecto

Casi toda la comparación que vas a encontrar sobre este tema la escribió una marca, y por eso omite justo lo que decide un proyecto en Chile: hasta dónde llega la tubería de refrigerante, cuánto refrigerante puede haber en el recinto más chico, quién va a mantener el sistema en la ciudad donde está la obra, y cuánto cuesta operarlo durante los quince o veinte años que va a durar. Esta guía ordena esos cuatro criterios sin nombrar marcas y con las fuentes a la vista.

Límites de tuberíaCarga de refrigeranteANSI/ASHRAE 34 · RCLNCh 3241Enmienda de KigaliCosto en el tiempoServicio en la ciudad de la obra
La respuesta corta

¿Cuál conviene: VRV/VRF, chiller o split?

No hay un ganador. Hay una diferencia estructural de la que cuelga todo lo demás: el VRF distribuye refrigerante por el edificio, el chiller distribuye agua, y el split no distribuye nada porque cada equipo se resuelve solo. Esa sola frase explica por qué el VRF tiene límites de largo y de desnivel que el chiller no tiene, por qué el chiller necesita sala de máquinas y el VRF no, y por qué en un recinto pequeño y cerrado el volumen de refrigerante puede transformarse en un problema de seguridad que con agua no existe.

La regla práctica, dicha sin adorno: el VRF conviene cuando hay muchas zonas con horarios y cargas distintas y las distancias caben en el rango del fabricante. El chiller conviene cuando la potencia es alta y concentrada, cuando hay grandes caudales de aire exterior que tratar, o cuando el edificio es tan alto o tan extendido que el refrigerante ya no llega. El split conviene cuando los recintos son pocos, la continuidad importa más que la eficiencia, o la obra está lejos del servicio técnico. Y en la mayoría de los proyectos medianos y grandes la respuesta correcta no es uno de los tres: es una combinación, con el sistema adecuado por zona.

Lo que sí se puede afirmar con seguridad es que la decisión no se toma con una tabla de eficiencias. Se toma verificando cuatro cosas concretas —tubería, refrigerante, servicio y costo en el tiempo— y viendo cuál de los tres sistemas sobrevive a las cuatro. Muchas veces sobrevive uno solo, y entonces el proyecto se decide en media hora.

Nota de precisión: en esta guía no nombramos marcas ni entregamos precios. Los valores de tubería que citamos vienen de manuales de ingeniería de fabricantes concretos y se indican como tales, porque cambian entre familias de equipos y entre generaciones. Para un proyecto real, el número válido es el que arroja el software de selección del fabricante del equipo especificado, no el que aparece en un artículo.

De qué estamos hablando

Los tres sistemas, y qué cosa mueve cada uno

Antes de comparar hay que fijar qué es cada cosa, porque en las bases de licitación chilenas se usan los tres nombres como si fueran intercambiables y no lo son.

VRV / VRF: caudal de refrigerante variable

Una o varias unidades exteriores alimentan con refrigerante a muchas unidades interiores y modulan capacidad según lo que pide cada recinto. No hay agua, no hay sala de máquinas y no hay ductos largos: hay cañería de cobre recorriendo el edificio.

  • Control por zona, con horarios independientes
  • Buen rendimiento a carga parcial
  • Limitado por largo y desnivel de tubería
  • Refrigerante repartido por recintos ocupados

Chiller con fan coils o manejadoras

El chiller enfría agua en una sala de máquinas, y esa agua alimenta unidades fan coil en los recintos o unidades manejadoras que tratan aire exterior. El refrigerante se queda dentro de la máquina; por el edificio circula agua.

  • Sin límite práctico de altura ni de distancia
  • La opción cuando hay mucho aire exterior que tratar
  • Mantención concentrada en un solo recinto
  • Suma circuito de agua: bombas, tratamiento, riesgo de congelamiento

Split y multi-split

Una condensadora exterior y una o pocas evaporadoras, con su propio circuito cerrado y su propio control. Es el sistema más simple del mercado, y por eso el más disponible: cualquier ciudad de Chile tiene técnicos y repuestos.

  • Falla acotada: se cae un recinto, no el edificio
  • Carga de refrigerante pequeña y distribuida
  • Sin control centralizado real ni tratamiento de aire exterior
  • Muchas condensadoras a la vista: problema de fachada

Hay un cuarto sistema que aparece seguido en licitaciones y que no compite con estos tres: los equipos de precisión para salas técnicas, diseñados para carga sensible y operación continua. Si el recinto es una sala de servidores, la comparación de esta página no aplica y hay que tratarlo aparte.

Criterio 1 · El que descarta antes de discutir

Límites de tubería: hasta dónde llega realmente un VRF

Es el criterio más objetivo de todos y el que menos aparece en las comparaciones comerciales, porque no admite matices: o el edificio cabe en el rango del equipo o no cabe.

Un sistema VRF mueve refrigerante en dos fases por cañería de cobre. Eso impone tres restricciones simultáneas que hay que verificar: el largo total de tubería sumando todos los ramales, el largo real y equivalente hasta la unidad interior más lejana, y el desnivel entre la unidad exterior y las interiores, y entre interiores. Cuando alguna se pasa, el fabricante no permite la configuración; y cuando queda al límite, el sistema funciona pero con caída de presión, retorno de aceite comprometido y capacidad real por debajo de la nominal en las unidades del extremo.

Para dar orden de magnitud sin inventar, dos manuales de ingeniería públicos y de fabricantes distintos:

  • El manual del LG Multi V 5 en operación bomba de calor admite un largo total de tubería de hasta 3.280 pies, unos 1.000 metros; un largo real hasta la unidad interior más lejana de 492 pies, unos 150 metros, ampliable a 656 pies (200 metros) en aplicación condicional; un largo equivalente de 574 pies (175 metros), condicional 738 pies (225 metros); un largo tras la primera derivación de 131 pies (40 metros), condicional 295 pies (90 metros); y un desnivel entre unidad exterior e interiores de hasta 360 pies, unos 110 metros, con 131 pies (40 metros) entre unidades interiores y 16,4 pies (5 metros) entre unidades exteriores.
  • El databook de diseño de la serie City Multi PQRY de Mitsubishi Electric fija 165 metros de largo real y 190 metros equivalentes hasta la unidad interior más lejana, 110 metros entre la unidad de origen y el controlador BC, 40 metros desde el controlador BC a la interior más lejana (60 metros en un caso condicional), y 50 metros de desnivel con la unidad de origen sobre las interiores, o 40 metros si queda debajo, con 30 metros entre unidades interiores.

Ese contraste es la lección de la sección: 110 metros de desnivel en una familia y 50 en otra. Un edificio de treinta pisos cabe en la primera y no en la segunda. Por eso la pregunta correcta nunca es "¿aguanta un VRF?" sino "¿aguanta este VRF, con esta configuración de ramales?". El propio manual de LG lo dice sin ambigüedad: el diseñador debe usar el software de selección del fabricante. Un croquis y una regla de tres no sirven.

Los tres casos donde el VRF se cae por tubería

Edificios altos. El desnivel entre la unidad exterior en el techo y las interiores del primer piso es lo primero que se pasa. Cuando ocurre, la salida no es forzar el equipo sino cambiar de estrategia: varias unidades exteriores en pisos intermedios —con el espacio, el peso estructural y el acceso de mantención que eso exige— o pasar a agua.

Plantas extendidas. Una faena, un campus o un edificio largo y bajo pueden estar dentro del desnivel y aun así sacar a la unidad más lejana del rango de largo real. El síntoma clásico en operación es que las oficinas del extremo nunca alcanzan la temperatura de las del centro, y se termina culpando al equipo interior.

Largos que disparan la carga. Más metros de cañería significan más refrigerante adicional cargado en terreno. Eso empuja hacia el segundo criterio: un sistema que cabe por largo puede no caber por concentración de refrigerante en el recinto más pequeño que sirve. Son dos verificaciones distintas y ambas hay que hacerlas.

Un chiller no tiene ninguno de estos tres problemas, porque el agua se bombea. Ahí la limitación pasa a ser de presión estática y de diseño hidráulico, que se resuelve con bombas, intercambiadores de separación y zonificación de la red. Es un problema conocido, con solución conocida.

Criterio 2 · El que nadie pone en la propuesta

Cuánto refrigerante puede haber en un recinto

Un VRF lleva refrigerante hasta dentro de las salas ocupadas. Eso obliga a una verificación que no aparece casi nunca en una cotización chilena y que puede descartar el sistema completo.

El refrigerante de un VRF es más pesado que el aire y, si se fuga, llena el recinto desde el suelo hacia arriba. No se ve ni se huele. Por eso existe un límite: la ANSI/ASHRAE Standard 34 define el límite de concentración de refrigerante (RCL), que es la cantidad que puede liberarse en un espacio cerrado normalmente ocupado antes de esperar toxicidad aguda. Para el R-410A, que es el refrigerante habitual de los VRF instalados, el RCL es de 26 libras por cada mil pies cúbicos, es decir unos 0,42 kilos por metro cúbico, o 140.000 ppm. La ANSI/ASHRAE Standard 15 es la que exige aplicarlo.

La verificación se hace contra el recinto más pequeño servido por el sistema, no contra el edificio. Y aquí está el punto que cambia proyectos: en ocupaciones institucionales, donde las personas no pueden salir por sus propios medios sin la ayuda de otros, el umbral se reduce a la mitad. Un recinto de salud, una residencia de adultos mayores o una sala de procedimientos son exactamente ese caso.

El cálculo, con números

Para dimensionar el problema hace falta saber cuánto refrigerante tiene el sistema. Los datos publicados por fabricantes dan una carga de fábrica de 2 a 3 libras por tonelada nominal de capacidad, más 1 a 3 libras por tonelada en la cañería de terreno, lo que deja un rango práctico de 3 a 6 libras por tonelada, del orden de 1,4 a 2,7 kilos por tonelada de refrigeración.

Tomemos una unidad exterior de 20 toneladas —unos 70 kW— con 4,5 libras por tonelada: son 90 libras, cerca de 41 kilos de R-410A. Para que esa carga completa, fugada en el recinto más chico, se mantenga bajo 0,42 kg/m³, ese recinto no puede tener menos de unos 97 metros cúbicos: con 2,6 metros de altura libre, alrededor de 37 metros cuadrados. En una ocupación institucional, con el umbral a la mitad, el recinto mínimo se va a unos 195 metros cúbicos, del orden de 75 metros cuadrados. Una sala de reuniones, una oficina cerrada o un box clínico quedan por debajo.

Esto no significa que el VRF esté prohibido en esos casos: significa que hay que resolverlo en el diseño, y que resolverlo cuesta. Las salidas conocidas son limitar la carga por circuito segmentando el sistema, no servir los recintos pequeños con unidades de ese circuito, agregar ventilación mecánica y detección de fugas con enclavamiento, o dejar aberturas permanentes al espacio contiguo. Todas se deciden antes de comprar el equipo. Ninguna se puede improvisar cuando el edificio ya está construido.

La altura del norte de Chile cambia el número

Hay un segundo límite, el de privación de oxígeno (ODL), y ese depende de la altitud del emplazamiento: 140.000 ppm bajo los 3.300 pies (unos 1.000 metros), 112.000 ppm entre 3.300 y 4.920 pies (1.000 a 1.500 metros) y 69.100 ppm sobre los 4.920 pies, es decir sobre unos 1.500 metros. Aproximadamente la mitad.

Calama está a 2.260 metros sobre el nivel del mar. Chuquicamata bordea los 2.870 y El Salvador supera los 2.400. Toda faena de altura del norte cae en el tramo más restrictivo, y en cambio La Serena, Coquimbo, Copiapó, Antofagasta, Iquique, Valparaíso y Santiago están bajo el primer umbral. Es un criterio que rara vez se menciona en una comparación de sistemas y que en la práctica empuja los proyectos de altura hacia soluciones con menos refrigerante repartido, o hacia agua.

Nota de precisión: la ANSI/ASHRAE 15 y 34 son normas estadounidenses y en Chile no son obligatorias por sí solas; se aplican porque las especificaciones técnicas de proyecto las citan y porque son el estándar del rubro. La norma chilena que sí existe es la NCh 3241, que clasifica los refrigerantes por toxicidad e inflamabilidad y fija buenas prácticas de diseño, instalación y mantención, pero no reemplaza el cálculo de concentración por recinto. Consultamos la edición de la NCh 3241 publicada por el Ministerio del Medio Ambiente; existe además una segunda edición de 2017, y para una especificación conviene trabajar con la versión vigente del INN.

Criterio 3 · El que se paga durante veinte años

Quién va a operar y mantener el sistema, y si esa empresa existe en la ciudad de la obra

Este criterio no aparece en ninguna comparación de fabricante por una razón evidente, y en la práctica es el que más proyectos ha arruinado en regiones.

Un chiller y un VRF exigen cosas distintas del que los mantiene. El chiller concentra el trabajo en una sala de máquinas: es un equipo grande, accesible, con instrumentación y con un circuito de agua que se trata, se purga y se analiza. El VRF reparte el trabajo por todo el edificio y exige intervenir un circuito de refrigerante hermético con manómetros, balanza, bomba de vacío, nitrógeno seco y equipo de recuperación. La NCh 3241 es explícita en esto: la presurización y la detección de fugas se hacen con gas inerte seco, nunca con refrigerante; y al detectar una fuga se debe recuperar el refrigerante que queda en el sistema antes de repararla, procurando que no se evacúe al ambiente.

La misma norma chilena establece una calificación de instaladores y mantenedores en cuatro niveles: A y B para refrigeración doméstica y comercial hasta 50 kW e industrial sobre 50 kW; C para climatización doméstica y comercial hasta 100 kW, y D para climatización industrial sobre 100 kW. Cualquier VRF o chiller de un edificio corporativo, un hospital o una faena está en el tramo D. Además, en Chile la certificación de competencias laborales en refrigeración y climatización se acredita ante ChileValora, y el Centro de Evaluación y Certificación FríoCalor de la Cámara Chilena de Refrigeración y Climatización figura como el centro acreditado para ese perfil.

A eso se suma la parte eléctrica, que en el rubro se subestima: el sistema tiene un tablero de fuerza y comando, protecciones, canalizaciones y un cableado de control que también hay que mantener y declarar. Es una de las razones por las que en CYS tomamos el proyecto completo: la climatización, la electricidad y las corrientes débiles son tres especialidades propias, y no tres proveedores culpándose entre ellos cuando el sistema se detiene.

Las tres preguntas que hay que hacerle a la marca antes de especificarla

  • ¿Hay servicio técnico autorizado en la ciudad de la obra, o el técnico viaja? No es lo mismo Santiago que Calama, Copiapó, Antofagasta o Iquique. Un contrato de mantención con traslado incluido cuesta distinto y responde en otro plazo.
  • ¿Dónde está el stock de repuestos y cuál es el plazo declarado para una placa de control o un compresor? En un VRF, la unidad exterior detenida deja sin servicio a todas sus interiores. En un chiller con dos máquinas, o en un conjunto de splits, la falla se reparte.
  • ¿Quién queda con la documentación? Diagrama del sistema en sala, esquema de circuitos, catálogos y valores de referencia de operación. La NCh 3241 pide expresamente que el diagrama de funcionamiento esté visible para el personal que opera, y que el mantenedor que llega a una instalación desconocida estudie primero la distribución de cañerías, componentes y controles.

Ninguna de las tres tiene que ver con eficiencia. Las tres deciden si el sistema va a seguir funcionando en el año siete. Es el mismo criterio que aplicamos en la pauta de mantención de un VRF: lo que no queda por escrito, no se ejecuta.

Criterio 4 · El horizonte correcto

Costo a quince años, no costo de compra

Comparar tres sistemas por el monto de la oferta es comparar el primer año de una decisión que dura veinte. No damos precios; damos las variables que hay que sumar y la referencia de duración que usa el rubro.

Lo que se paga una vez

Equipos, cañería o red hidráulica, sala de máquinas cuando aplica, obra civil, estructura para las unidades exteriores, tablero eléctrico, alimentadores y control. Un VRF ahorra sala de máquinas y red de agua; un chiller ahorra cobre y gana espacio útil en losas y cielos. En un edificio alto la diferencia de obra civil suele pesar más que la de equipos.

Lo que se paga todos los meses

La energía, que se explica por consumo en kWh y también por potencia demandada y hora punta; el contrato de mantención con su frecuencia y sus traslados; y el costo oculto de la indisponibilidad, que es lo que vale una hora sin clima en un pabellón, una sala de datos o un piso de atención de público.

Lo que se paga una vez cada tanto

El recambio mayor: compresor, placa de control, batería, bomba, o el equipo completo al final de su vida útil. Aquí la pregunta relevante no es cuánto dura, sino si al año doce va a existir el repuesto y si el refrigerante del equipo todavía va a estar disponible a un costo razonable.

Cuánto dura cada cosa, según la referencia que usa el rubro

La tabla de vida útil de equipos de ASHRAE es la referencia habitual de la industria, y conviene citarla tal cual, como mediana estadística y no como garantía: chillers recíprocos 20 años, chillers centrífugos 20, chillers de absorción 34; unidades fan coil y de inducción 20; condensadores enfriados por aire 20; torres de enfriamiento de metal galvanizado 20; intercambiadores de coraza y tubos 24; bombas de base montada 20; motores eléctricos 18; equipos de expansión directa residenciales o comerciales 15; bombas de calor aire-aire, residenciales o comerciales, 15; controles electrónicos 15; ductos 30.

Y ahora el dato incómodo que casi nadie declara: esa tabla no tiene una fila para VRF. Es una tabla anterior a la masificación de esta tecnología en el mercado. Cuando alguien te presente una vida útil de VRF "según ASHRAE", está atribuyendo a la norma algo que la norma no dice. Lo honesto es tomar como referencia las filas de expansión directa y de bomba de calor, que son las más cercanas por principio de funcionamiento, y asumir que en ambiente costero salino o en faena con polvo la mediana baja.

Ese matiz importa para la comparación: si el chiller y las unidades fan coil se mueven en el entorno de los 20 años y los equipos de expansión directa en el de los 15, un edificio que se proyecta para operar tres décadas va a pasar por más recambios con VRF que con agua. No es un argumento contra el VRF —hay proyectos donde el VRF es claramente la respuesta— pero sí es un costo que debe estar en la comparación, y casi nunca lo está.

El dato que más se cita mal

Refrigerantes: qué rige en Chile y qué no

Es el punto donde más desinformación circula, porque buena parte del contenido disponible en internet describe reglas de otro país y se lee como si fueran chilenas.

Qué dice la norma chilena de los refrigerantes en uso

El Anexo A de la NCh 3241 clasifica el R-410A, mezcla de R-32 y R-125, como grupo de seguridad A1: baja toxicidad y sin propagación de llama. Le asigna potencial de agotamiento de ozono 0, potencial de calentamiento global a cien años 2.100 y una vida atmosférica de 42 años. Al R-32 puro le asigna PCG 675, vida atmosférica 4,9 años y grupo A2, es decir inflamabilidad inferior.

Hacia dónde va el mercado

Los reemplazos que están tomando el lugar del R-410A en equipos nuevos son el R-32 y el R-454B, una mezcla de R-32 y R-1234yf clasificada A2L y con potencial de calentamiento global declarado de 466. Son refrigerantes de inflamabilidad baja pero no nula, y por eso Chile tiene una norma específica para ellos: la NCh 3301, de buenas prácticas de instalación y mantención de sistemas con refrigerantes inflamables.

Qué rige efectivamente en Chile

El Decreto Supremo N°7 de 2024 del MINSEGPRES incorporó los HFC como sustancias controladas, regula importaciones y exportaciones por cuota, obliga a importadores, exportadores y fabricantes a informar anualmente en el Sistema de Información de Ozono e instruye a Aduanas a fiscalizar los volúmenes máximos. El calendario chileno contempla congelamiento del consumo en 2024 y reducciones de 10% en 2029, 30% en 2035, 50% en 2040 y 80% en 2045, además de la eliminación total de importaciones de HCFC desde 2030.

La confusión más frecuente. Circula mucho material que afirma que "desde el 1 de enero de 2025 no se pueden fabricar equipos con R-410A". Esa es una regla de transición tecnológica de la agencia ambiental de Estados Unidos y aplica a equipos fabricados para ese mercado. No es normativa chilena. Lo que rige en Chile es el mecanismo de cuotas del Decreto Supremo N°7 de 2024 y el Plan de Implementación de Kigali, aprobado en diciembre de 2023 por el Comité Ejecutivo del Fondo Multilateral del Protocolo de Montreal, cuya primera fase corre entre 2024 y 2030 y cuyo sector principal de intervención es justamente el de servicios de refrigeración y aire acondicionado, porque Chile no fabrica HFC. Chile, además, fue de los primeros países del mundo en ratificar la Enmienda de Kigali.

Qué significa esto para una decisión de proyecto, en concreto. Un equipo con R-410A instalado hoy no queda ilegal ni hay que cambiarlo. Lo que va a cambiar con los años es la disponibilidad y el costo del gas para recargarlo, porque la cuota de importación se reduce por calendario. Traducido a criterio de compra: en un sistema con carga grande y concentrada la exposición a ese riesgo es distinta que en muchos equipos pequeños, y en cualquiera de los dos casos la conclusión práctica es la misma que ya defendemos en mantención: un circuito hermético bien ejecutado no pierde gas, y recargar todos los años no es mantención, es tapar una fuga. Con el precio del refrigerante subiendo por calendario, eso deja de ser un argumento técnico y pasa a ser uno financiero.

Cómo decidir en una reunión

Las cuatro preguntas que ordenan la decisión

Si estás evaluando propuestas y no quieres depender de la palabra del proveedor, estas cuatro preguntas, en este orden, resuelven la mayoría de los casos. Las tres primeras son descartes; la cuarta es la que define entre lo que quedó vivo.

01

¿El edificio cabe en los límites del equipo?

Pide el reporte del software de selección del fabricante, no una tabla genérica. Debe mostrar largo total, largo real y equivalente a la unidad más lejana, largo tras la primera derivación y desnivel entre unidad exterior e interiores y entre interiores. Si el proveedor no lo entrega, todavía no hay ingeniería. Si el proyecto queda al filo del límite, pide la capacidad corregida de las unidades del extremo: ahí es donde después aparecen los reclamos de "esa oficina nunca enfría".

02

¿Cuál es el recinto más chico que sirve cada circuito?

Con la carga total de refrigerante de cada circuito y el volumen del recinto más pequeño que atiende, se verifica el límite de concentración. Pide ese cálculo por escrito, con el recinto identificado. Si el edificio es de salud, de cuidado de personas o de altura sobre los 1.500 metros, avisa que el umbral aplicable es más exigente antes de que la propuesta se arme, no después.

03

¿Quién mantiene esto en la ciudad donde está la obra?

Nombre de la empresa, dirección de la sucursal más cercana, plazo comprometido de respuesta, y qué pasa con los repuestos críticos. Un sistema excelente sin servicio a menos de mil kilómetros es un sistema malo. Este criterio pesa distinto en Santiago que en Calama, Copiapó o Iquique, y esa asimetría es real aunque incomode.

04

¿Qué pasa cuando falla?

Dibuja el peor caso de cada alternativa: qué recintos quedan sin servicio, por cuánto tiempo, y qué operación del cliente se detiene. Un chiller con dos máquinas y un conjunto de splits degradan; un VRF con una sola unidad exterior por zona, no. Si la respuesta a esta pregunta es "se detiene la operación", la conversación deja de ser de eficiencia y pasa a ser de redundancia, que es otro presupuesto y otra decisión.

Una propuesta que no responde estas cuatro preguntas por escrito no es un proyecto de ingeniería: es una lista de equipos con un precio abajo.

Matriz de decisión

Qué suele quedar, por tipo de proyecto

Esto es un punto de partida para ordenar la conversación, no un veredicto. Cada obra se verifica con los cuatro criterios de arriba, y hay proyectos donde la respuesta correcta es la que menos se espera.

Tipo de proyectoLo que suele decidirLo que suele quedar
Oficinas por arrendatario, pisos independientesHorarios y cargas distintas por piso, medición separada del consumo, obra por etapas sin detener a los demásVRF, muchas veces con recuperación de calor
Edificio de alturaDesnivel entre unidad exterior e interiores, espacio en pisos técnicos, presión estática de la redChiller con fan coils, o VRF por sectores con exteriores en pisos intermedios
Retail y locales en strip centerContinuidad por local, obra rápida, intervención sin cerrar los vecinosEquipos autónomos o VRF por local
Hospital, clínica, CESFAMAire exterior tratado, filtración escalonada, presiones diferenciales, umbral de concentración de refrigerante a la mitadChiller con manejadoras en zonas críticas; VRF solo en áreas administrativas
Industria, proceso y galponesVolumen y altura libre, envolvente e infiltración, carga de proceso, zonas realmente ocupadasMuchas veces ninguno de los tres en el volumen completo: ventilación y destratificación, más clima en las zonas ocupadas
Faena minera y campamento sobre 1.500 mUmbral de privación de oxígeno más exigente por altitud, distancia al servicio técnico, polvo y ambienteSoluciones con menos refrigerante repartido: agua, o equipos autónomos por recinto
Sala de servidores o sala técnicaCarga sensible, operación las 24 horas, redundancia, temperatura de entrada al rackEquipo de precisión, no un equipo de confort
Sucursal, oficina de faena, ampliaciónPocos recintos, plazo corto, repuestos disponibles en la ciudadSplit o multi-split

Dos casos de esta tabla tienen guía propia porque no se resuelven con la lógica de un edificio de oficinas: galpones y bodegas, donde manda el volumen y la envolvente antes que el equipo, y salas de servidores, donde lo que importa es la temperatura de entrada al rack y no la del ambiente. En salud, los criterios propios están en climatización de hospitales y recintos de salud.

Preguntas frecuentes

VRF, chiller y split: dudas habituales

¿Cuándo conviene un sistema VRV/VRF y cuándo un chiller?

El VRF conviene cuando el edificio tiene muchas zonas con horarios y cargas distintas, cuando no hay espacio para sala de máquinas ni para una red de agua, y cuando las distancias caben dentro de los límites de tubería del fabricante. El chiller conviene cuando la potencia es alta y está concentrada, cuando hay grandes caudales de aire exterior que tratar, cuando el edificio es alto o extendido y se sale de esos límites, y cuando importa mantener el refrigerante confinado en la sala de máquinas en vez de repartido por los recintos ocupados. Dicho corto: el VRF distribuye refrigerante, el chiller distribuye agua, y esa diferencia es la que arrastra casi todas las demás.

¿Y cuándo basta con equipos split o multi-split?

Cuando los recintos son pocos, están cerca de una fachada o de un techo donde poner la condensadora, y no se necesita control centralizado. También cuando la continuidad importa más que la eficiencia: con equipos independientes, una falla apaga un recinto y no el edificio. Y cuando la obra está lejos de un centro de servicio, porque un split es el equipo con más repuestos y más técnicos disponibles en cualquier ciudad de Chile. En sucursales, oficinas de faena, salas pequeñas y ampliaciones sigue siendo la respuesta correcta, aunque no sea la más vistosa en una propuesta.

¿Qué límite de largo de tubería tiene un VRF y por qué eso descarta ciertos edificios?

No hay un límite único: lo fija el fabricante para cada familia de equipos y se verifica con su software de selección. Como orden de magnitud, el manual de ingeniería del LG Multi V 5 admite hasta 3.280 pies, unos 1.000 metros, de largo total de tubería sumada; hasta 492 pies, unos 150 metros, de largo real hasta la unidad interior más lejana, con 656 pies o 200 metros en aplicación condicional; y hasta 360 pies, unos 110 metros, de desnivel entre unidad exterior e interiores. El databook de la serie City Multi PQRY de Mitsubishi Electric, en cambio, fija 165 metros reales hasta la unidad interior más lejana y 50 metros de desnivel con la unidad de origen sobre las interiores, 40 metros si queda debajo. Esos números descartan un VRF cuando el desnivel del edificio supera el límite del equipo, cuando la planta es tan extendida que la unidad más lejana queda fuera de rango, o cuando el largo obliga a tanta carga adicional de refrigerante que aparece un problema de concentración por recinto.

¿Sirve un VRF para un hospital o un recinto de salud?

Sirve para zonas administrativas y de apoyo, pero en salud la decisión no se toma con los mismos criterios que en una oficina. Primero, porque los recintos críticos se resuelven con manejadoras que tratan aire exterior, escalonan filtración y sostienen presiones diferenciales, y eso es trabajo de agua y de aire, no de refrigerante directo. Segundo, porque el límite de concentración de refrigerante es más exigente: la ANSI/ASHRAE 34 fija para el R-410A un límite de 26 libras por cada mil pies cúbicos de recinto, unos 0,42 kilos por metro cúbico, y en ocupaciones institucionales donde las personas no pueden salir sin ayuda de otros el umbral se reduce a la mitad. Un recinto de salud es exactamente ese caso.

¿Qué sistema es más barato de mantener en el tiempo?

Depende de dónde esté la obra, no del sistema. El chiller concentra la mantención en una sala de máquinas y agrega un circuito de agua con su tratamiento, sus bombas y su torre cuando la hay. El VRF reparte la mantención por todo el edificio y exige intervenir un circuito de refrigerante hermético, con instrumentos y con técnico calificado. El split es el más simple y el que más gente sabe mantener. Lo que suele encarecer un contrato no es la tecnología sino la distancia: si el servicio técnico de la marca no existe en la ciudad de la obra, cada visita incluye traslado y cada repuesto incluye espera.

¿Cuánto dura cada sistema antes de un recambio mayor?

La tabla de vida útil de ASHRAE, que es la referencia que usa el rubro, da 20 años para chillers de compresor recíproco y centrífugos, 34 para los de absorción, 20 para unidades fan coil y de inducción, 20 para condensadores enfriados por aire, 15 para equipos de expansión directa residenciales o comerciales y 15 para bombas de calor aire-aire, comerciales o residenciales. Un dato honesto: esa tabla no incluye una fila para VRF, así que cualquiera que te presente una cifra de vida útil de VRF como si fuera de ASHRAE está estirando el dato. Y son medianas estadísticas, no garantías: el ambiente y el plan de mantención mueven ese número más que la marca.

¿Qué pasa si necesito frío y calor al mismo tiempo en distintas zonas?

Es el caso que mejor resuelve un VRF con recuperación de calor, el de tres tubos: la energía que se retira de una zona que pide frío se entrega a otra que pide calor, en vez de botarla al exterior. La condición para que eso rinde es que haya simultaneidad real, es decir, que la fachada norte pida frío mientras la sur pide calor durante buena parte del año. Si el edificio pide lo mismo en todas partes al mismo tiempo, la recuperación se paga y no se usa. Un chiller con cuatro tubos, o con dos tubos más apoyo, resuelve lo mismo por el lado del agua y suele ser la respuesta cuando la potencia es grande.

¿Se pueden combinar sistemas distintos en un mismo edificio?

Sí, y en proyectos medianos y grandes es lo habitual. Un edificio puede llevar chiller y manejadoras para las zonas de alta ocupación y aire exterior, VRF para oficinas con horarios independientes, y equipos split o de precisión para salas técnicas que operan las 24 horas. Lo que no se puede combinar es la responsabilidad: mientras más sistemas, más importa que el control, el tablero, la instalación eléctrica y el plan de mantención queden bajo un solo proyecto y un solo interlocutor.

¿Qué refrigerante se está usando hoy y qué pasa con los equipos de R-410A?

El R-410A sigue siendo el refrigerante dominante del parque instalado, y los fabricantes están migrando a alternativas de menor potencial de calentamiento global, principalmente R-32 y R-454B. El Anexo A de la NCh 3241 clasifica el R-410A como grupo de seguridad A1, con potencial de agotamiento de ozono cero y potencial de calentamiento global 2.100 a cien años, y el R-32 con 675. Una precisión importante: la prohibición de fabricar equipos nuevos con R-410A que circula en internet es una regla de la agencia ambiental de Estados Unidos y no rige en Chile. Lo que rige aquí es el Decreto Supremo N°7 de 2024 del MINSEGPRES, que incorporó los HFC como sustancias controladas y regula las importaciones por cuota, y el Plan de Implementación de Kigali, aprobado en diciembre de 2023. El calendario chileno parte con el congelamiento del consumo en 2024 y reducciones de 10% en 2029, 30% en 2035, 50% en 2040 y 80% en 2045. Un equipo de R-410A instalado no queda ilegal: lo que se encarece con los años es el gas para recargarlo.

Recursos

Guías técnicas relacionadas

Cada criterio de esta página tiene su desarrollo completo en otra guía. Escribimos cada tema una sola vez y enlazamos, en vez de repetirlo.

Dónde trabajamos

Climatización con equipo propio en terreno

Base en La Serena, obras en la Región de Coquimbo y Atacama, y proyectos en todo Chile. El criterio de servicio local que defendemos en esta guía también nos aplica a nosotros.

Climatización en La Serena Climatización en Santiago Climatización en Valparaíso Climatización en Copiapó Climatización en Antofagasta Climatización en Calama Climatización en Iquique Cobertura nacional
Conversemos

¿Tienes que decidir el sistema y quieres una opinión sin marca de por medio?

Cuéntanos qué edificio es, cuántas zonas tiene, qué desnivel hay entre el techo y el piso más bajo a climatizar, en qué comuna está y quién va a operarlo después. Con eso te decimos cuál de los tres sistemas sobrevive a los cuatro criterios de esta guía, y por qué. CYS lleva más de 20 años en climatización y electricidad, con más de 27 proyectos ejecutados, 62.890 m² intervenidos, más de 50 profesionales en terreno y taller propio de tableros: la ingeniería, la instalación eléctrica y la mantención las hace el mismo equipo.

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La instalación eléctrica del sistema, con equipo propio

Control, integración y corrientes débiles

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