Guía técnica · Mantención de climatización

Mantención de sistemas VRV/VRF: qué incluye, cada cuánto y qué informe debe quedar

Casi todas las empresas de climatización en Chile ofrecen mantención preventiva. Muy pocas dicen por escrito qué hacen en cada visita, qué valores miden y qué documento entregan después. Esta guía publica la pauta completa, con las frecuencias que recomiendan los propios fabricantes de VRF y con el entregable que deberías poder exigir: un informe con números medidos y su valor de referencia al lado, no una boleta con la palabra mantención.

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La respuesta corta

¿Cada cuánto se le hace mantención a un VRV/VRF y qué incluye?

La frecuencia no la fija la empresa de servicio: la fija el fabricante del equipo, y no es la misma para las unidades interiores que para la unidad exterior. En sus hojas de mantención de sistemas DX y VRF, Mitsubishi Electric recomienda que la frecuencia de visitas no sea inferior a dos por año en la unidad exterior y no inferior a cuatro por año en las unidades interiores, y agrega que esa frecuencia puede aumentar según el ambiente donde esté el equipo. Daikin, en la guía de referencia de instalador y usuario del sistema VRV IV, recomienda hacer mantención al menos una vez al año y advierte, en la misma línea, que la legislación aplicable puede exigir intervalos más cortos.

No es una contradicción entre marcas: son mínimos declarados por fabricantes distintos, y los dos dejan claro que el mínimo sube cuando el equipo trabaja en condiciones exigentes. En la práctica chilena tomamos cuatro visitas al año a las unidades interiores y dos a la unidad exterior como piso de un contrato comercial serio, y lo subimos cuando el sistema está en el norte, en borde costero o funcionando las veinticuatro horas.

Y el contenido de la visita no es un misterio ni un secreto comercial. Los propios fabricantes publican la pauta como un formulario: limpieza del intercambiador de calor, revisión de señales visibles de fuga, integridad de cañería y aislación, apriete de conexiones eléctricas, medición y registro de tensión y corriente, horas de compresor, temperaturas y presiones de descarga y aspiración, limpieza de filtros y serpentines interiores, bandeja y bomba de condensado, y temperatura del aire a la entrada y a la salida del serpentín. Cada línea de esa pauta termina en una casilla para anotar un valor. Ese es el punto de esta guía: si al final de la visita no queda un número escrito, no hay forma de saber si el equipo está bien.

Nota de precisión: en Chile no existe hoy un reglamento general que obligue a mantener los sistemas de climatización de un edificio comercial o industrial con una frecuencia determinada. Las obligaciones son indirectas —el resultado que exige el DS 594 en el lugar de trabajo, la parte eléctrica del equipo, y en recintos de salud sus propias normas técnicas— y contractuales, a través de las condiciones de garantía del fabricante. Lo explicamos más abajo, con los artículos a la vista.

La pauta completa

Qué se hace en cada visita, separado por tipo de unidad

Esta es la pauta que publican los fabricantes en sus hojas de mantención de sistemas DX y VRF, ordenada como se ejecuta en terreno. No es la lista de lo que se ve: es la lista de lo que se mide.

Unidades interiores · mínimo 4 veces al año

Es la parte que el usuario nota y la que más rápido se degrada, porque está aspirando el aire del recinto todo el día.

  • Limpieza de filtros de aire de cada unidad
  • Revisión del serpentín evaporador y limpieza cuando corresponde
  • Revisión de la bandeja de condensado por suciedad y residuos
  • Prueba de la bomba de condensado, cuando el equipo la tiene
  • Inspección visual del motor y las aspas del ventilador
  • Temperatura del aire a la entrada y a la salida del serpentín, en frío y en calor
  • Verificación del funcionamiento del control y del mando

Unidad exterior · mínimo 2 veces al año

Aquí está el compresor, y aquí es donde una falla no avisa: se ve como un equipo que enfría menos, no como un equipo detenido.

  • Inspección y limpieza del intercambiador de calor
  • Revisión de señales visibles de fuga de refrigerante
  • Integridad de la cañería y de su aislación térmica
  • Revisión y apriete de todas las conexiones eléctricas, incluido el interruptor de corte
  • Tensión de operación medida y registrada, fase por fase y neutro a tierra
  • Corriente de operación medida y registrada
  • Horas de funcionamiento de cada compresor
  • Temperaturas y presiones de descarga y de aspiración
  • Verificación del calefactor de cárter de cada compresor

Una vez al año, lo que casi nadie hace

Son las revisiones que no se notan en la visita pero que evitan la falla cara. Ninguna requiere detener el edificio.

  • Contraste de la carga de refrigerante contra la etiqueta de carga del equipo
  • Revisión del historial de códigos de falla que guarda el sistema
  • Revisión de la lógica de control, horarios y consignas contra lo que el edificio realmente usa
  • Limpieza y verificación de pendiente de la red de drenaje completa
  • Termografía o control de temperatura de las conexiones del tablero de alimentación
  • Comparación del consumo eléctrico contra el año anterior

Lo que cambia en el norte y en la costa

Daikin publica una lista explícita de situaciones en las que los ciclos de mantención y de reemplazo deben acortarse. Tres de ellas describen exactamente el norte de Chile y el borde costero: ambientes donde el calor y la humedad fluctúan fuera de lo ordinario, donde hay polvo, sal, gases nocivos o niebla de aceite en el aire, y donde los golpes y las vibraciones son frecuentes. En Calama, Copiapó o una faena en altura el polvo tapa el intercambiador exterior mucho antes que en Santiago; en La Serena, Coquimbo o Valparaíso el problema es la sal sobre el aletado y sobre la tornillería.

Lo que cambia en un edificio que no se apaga

Este es el dato que más cambia una decisión y casi nadie lo lee: la tabla de ciclos recomendados de Daikin declara los supuestos con los que fue construida. Asume operación de 10 horas al día y 2.500 horas al año, y uso normal sin partidas y paradas frecuentes, del orden de no más de seis por hora. Un edificio con climatización las veinticuatro horas acumula cerca de 8.760 horas al año, o sea más del triple. El propio fabricante incluye los sitios con aire acondicionado 24 horas entre los casos que obligan a acortar los ciclos. Si tu sistema climatiza una sala de servidores o un recinto de turno continuo, la pauta anual estándar no te aplica.

Lo que no es mantención

Tres cosas que se cobran como mantención y no lo son. Primera: recargar refrigerante todos los años sin buscar la fuga, que es tapar un problema y pagarlo dos veces. Segunda: limpiar solo el filtro visible de la unidad interior y no tocar el serpentín, la bandeja ni el drenaje, que es la razón número uno de las goteras de fin de verano. Tercera: cambiar componentes por catálogo sin medición previa. El criterio del rubro es el inverso: se mide, se compara con la referencia del fabricante para ese modelo y esa condición de operación, y recién ahí se decide.

Lo que se mide

Los valores que tienen que quedar escritos, y qué revela cada uno

Un sistema de refrigerante no se diagnostica mirándolo. Se diagnostica con seis o siete números que, leídos juntos, dicen si el problema está en la carga, en el aire, en la electricidad o en el control.

Presiones y temperaturas del circuito

Las presiones de alta y de baja con sus temperaturas de descarga y de aspiración son la radiografía del circuito. Una descarga anormalmente alta apunta a un condensador sucio o con poco flujo de aire; una baja demasiado baja apunta a falta de caudal en el evaporador, a filtros tapados o a carga insuficiente. En un VRF hay un matiz importante: como el sistema modula, esos valores solo significan algo si se anota en qué condición se midieron —modo, carga aproximada, temperatura exterior e interior—. Una presión sin su contexto es un número decorativo.

Subenfriamiento y sobrecalentamiento

Son las dos variables que dicen si la carga de refrigerante y la expansión están correctas. El subenfriamiento se mide en el lado de líquido y habla de cuánto refrigerante hay realmente en el circuito; el sobrecalentamiento se mide en la aspiración y habla de cómo está alimentando el evaporador. Aquí hay que ser honesto con una cosa que se publica mal en todos lados: no existe un rango universal válido. El valor correcto es el que declara el fabricante para ese modelo, esa longitud de cañería y esa condición de operación, y en muchos VRF el propio sistema lo controla y lo informa por su interfaz de servicio. Cualquier informe que traiga un rango genérico copiado de internet no está diciendo nada sobre tu equipo.

Delta T del aire en la unidad interior

Es la medición más simple y la que más rápido detecta un problema en el recinto: la temperatura del aire a la entrada del serpentín y a la salida, tanto en frío como en calor. Aparece literalmente en las hojas de mantención de los fabricantes, y su valor está en la comparación en el tiempo: si el mismo equipo, en el mismo recinto y en la misma estación, entregaba un salto térmico y ahora entrega menos, algo cambió. Puede ser el filtro, el serpentín, el caudal de aire o la carga del circuito, pero ya sabes que hay que buscar.

Eléctricos: tensión, corriente y horas

La pauta pide tensión de operación fase por fase y de neutro a tierra, y corriente de operación. No es burocracia: un desequilibrio de tensión entre fases o una conexión floja calienta y termina matando el compresor, y por eso la misma pauta incluye apretar todas las conexiones eléctricas, incluido el interruptor de corte. Las horas de funcionamiento de cada compresor son el odómetro del sistema: permiten ver si un compresor está trabajando mucho más que los otros y anticipar el recambio. Si el tablero que alimenta el equipo tiene problemas de dimensionamiento o de coordinación, eso ya no es un tema de climatización sino de cómo se calculó el tablero.

Filtros: por caída de presión, no por calendario

El filtro se limpia por calendario —en cada visita a la unidad interior— pero se cambia por caída de presión. Cuando la caída medida a través del filtro llega al valor final que declara el fabricante, el filtro se reemplaza aunque se vea presentable; y si a los pocos meses la caída ya está alta, el problema no es el filtro sino lo que está entrando al recinto. Es el mismo criterio que aplicamos en recintos de salud, donde además el banco de filtros lleva su manómetro instalado y accesible: lo detallamos en la guía de climatización de hospitales y recintos de salud.

Un cierre sobre el consumo, porque es la otra manera de auditar una mantención: un sistema con filtros cargados, serpentín sucio o carga incorrecta consume más para entregar lo mismo. Si el edificio es nuevo, además, es probable que ya esté midiendo por separado el consumo eléctrico de climatización, porque así lo exige el pliego RIC N°14 de la SEC —lo explicamos en la guía de normativa eléctrica y pliegos RIC—. Eso convierte la mantención en algo verificable con un número del propio edificio. El detalle de cómo se estima y se controla ese consumo está en cuánto consume un sistema VRV/VRF.

El entregable

Qué debe decir el informe de cada visita

Este es el corazón de la guía. Una mantención sin registro no es mantención: es una visita. Y un contrato que se paga sin informe es un contrato que nadie puede auditar, ni el mandante, ni la ITO, ni la empresa que venga después.

01

Identificación completa del equipo intervenido

Modelo, número de serie, ubicación exacta dentro del recinto y área que sirve, más la fecha de la visita y el nombre de quien la ejecutó. Los formularios de los propios fabricantes parten por ahí, y piden completar una hoja por unidad, no una hoja por edificio. Suena obvio hasta que llega la falla: sin ese dato nadie puede reconstruir qué le pasó a esa unidad en particular ni pedir el repuesto correcto.

02

Los valores medidos, con su referencia al lado

Presiones, temperaturas, tensiones, corrientes, horas de compresor y caída de presión en filtros, cada uno con el valor de referencia que corresponde a ese equipo. Sin la referencia, un número no le sirve a nadie que no sea técnico. Con la referencia, el administrador del edificio puede ver por sí mismo si está dentro de rango. Es el mismo principio que aplicamos al entregar una obra de agua caliente sanitaria solar: dejamos por escrito el rango normal de operación y el umbral que dispara una alerta.

03

Hallazgos, acción ejecutada y evidencia

Qué se encontró, qué se hizo y con qué resultado. Si se limpió un intercambiador, la foto antes y después; si se apretó una conexión que estaba floja, cuál; si se detectó una fuga, dónde y cómo se reparó, con el resultado de la prueba de estanqueidad posterior. La instrucción que traen las hojas de los fabricantes es corta y clara: monitorear el sistema, guardar y registrar todos los datos.

04

Lo pendiente, con plazo y con riesgo

La parte que casi nunca aparece. Qué quedó sin resolver, qué repuesto se necesita, en cuánto tiempo debería ejecutarse y qué pasa si no se hace. Es lo que permite al cliente presupuestar y decidir en vez de enterarse el día que el equipo se detiene. Y es también lo que protege a la empresa de servicio: lo advertido por escrito deja de ser una discusión.

Hay un argumento adicional, y es normativo aunque venga de la ingeniería del propio equipo: la guía de Daikin del sistema VRV IV señala que, de acuerdo con la legislación aplicable, puede ser necesario proveer junto al producto un libro de registro que contenga al menos información sobre mantención, trabajos de reparación, resultados de pruebas y períodos de detención. Ese libro es del dueño de la instalación, no de la empresa de servicio, y debería viajar con el edificio aunque cambie el contratista.

El error más caro del rubro

Recargar gas todos los años no es mantención: es tapar una fuga

Es la práctica más normalizada y la que peor envejece. Conviene entender por qué un circuito de refrigerante no se comporta como un estanque que se rellena.

Un circuito de refrigerante es hermético por diseño. El compresor de un VRF es de tipo scroll herméticamente sellado, y el sistema no consume refrigerante como un motor consume aceite o combustible. Si la carga baja, hay un punto que está fugando: una unión, una válvula, una soldadura, un flare mal ejecutado, una vibración que cansó una cañería. Recargar sin buscar ese punto se paga dos veces, porque al gas hay que sumarle el daño que la operación con carga insuficiente le hace al compresor, que trabaja más caliente y por más tiempo para entregar el mismo frío.

En un VRF la carga es un dato calculado, no un dato de catálogo

Esto es lo que hace la diferencia con un split. En un sistema VRF la carga adicional de refrigerante se calcula en kilos a partir del largo y el diámetro de cada tramo de la línea de líquido, con un factor de peso por metro y por diámetro, y el resultado se redondea a la décima de kilo. El manual de instalación de Daikin exige anotar esa cifra, junto con la fecha de instalación y el resultado de la operación de detección de fugas, en una etiqueta de carga adicional de refrigerante que queda pegada en la tapa de la caja eléctrica del equipo, con la instrucción explícita de completar los espacios en blanco porque son necesarios para el servicio posventa. El mismo manual limita la carga total del sistema a menos de 100 kg y obliga a dividir un sistema múltiple en sistemas independientes si el cálculo llega o supera los 95 kg.

La consecuencia práctica es directa: si nadie sabe cuál es la carga total del sistema, tampoco se puede saber si la recarga de este año fue un 2% o un 20%. La primera cifra es una pérdida menor que igual hay que ubicar; la segunda es una fuga franca que ya está afectando el rendimiento. Por eso la primera visita a un sistema que heredamos incluye buscar esa etiqueta y, si no está o está en blanco, reconstruir el dato desde el proyecto y dejarlo registrado.

Cómo se trata una fuga de verdad

La secuencia correcta no tiene atajos: se localiza el punto con detector electrónico y, cuando corresponde, con presurización de nitrógeno; se recupera el refrigerante que queda en vez de venteárselo a la atmósfera; se repara la unión o se reemplaza el componente; se vuelve a probar la estanqueidad; se hace vacío para sacar humedad e incondensables; y recién ahí se carga por peso, con balanza, la cantidad calculada. Cargar por presión y por percepción es lo que deja sistemas crónicamente mal cargados durante años.

Cuánta fuga es demasiada

En Chile no hay una regla que fije un umbral de fuga ni un plazo de reparación para equipos de confort, y conviene decirlo derecho en vez de inventar una cifra. Sí existe una referencia internacional útil como orden de magnitud: la EPA de Estados Unidos, para equipos estacionarios con una carga completa de 50 libras o más de refrigerante agotador del ozono, fija un umbral de 10% de fuga anual en equipos de confort —20% en refrigeración comercial y 30% en refrigeración de proceso industrial— y obliga a reparar dentro de 30 días desde que la fuga se detecta. Ojo con el alcance: esa obligación cubre refrigerantes agotadores del ozono y hoy no alcanza a los HFC como el R-410A ni siquiera en Estados Unidos, así que no es una regla aplicable a un VRF chileno. Sirve solo para calibrar la conversación: una pérdida anual del orden del 10% de la carga no es un consumo normal, es una fuga que se repara.

Y por qué esto se va a poner más caro

Chile fue el séptimo país del mundo y el primero de América en ratificar la Enmienda de Kigali del Protocolo de Montreal, que reduce gradualmente el consumo y la producción de hidrofluorocarbonos. Sobre esa base, el Decreto Supremo N°7 de 2024 del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, dictado bajo la Ley 20.096 que establece los mecanismos de control aplicables a las sustancias agotadoras de la capa de ozono, incorporó los HFC como sustancias controladas y actualizó las reglas de importación y exportación: elimina totalmente la importación de HCFC a partir de 2030 y reduce en 10% la importación permitida de HFC desde 2029. Traducido a un edificio con un VRF de R-410A: la fuga que hoy se tapa con una recarga barata va a competir, en pocos años, por un refrigerante con cupo de importación decreciente. Reparar la fuga hoy es una decisión económica, no ambiental.

Lo que dice la letra chica

Sin registro de mantención, el fabricante puede rechazar la garantía

No es una amenaza comercial nuestra. Está impreso en los documentos que los fabricantes entregan con el equipo, y vale la pena leerlo antes de comprar y no después de la falla.

La garantía puede quedar nula

Las hojas de mantención de sistemas DX y VRF de Mitsubishi Electric son explícitas: no mantener el sistema por sobre las recomendaciones mínimas puede dejar la garantía nula y sin efecto. Y esas recomendaciones mínimas son las mismas que citamos arriba: dos visitas al año en la unidad exterior y cuatro en las interiores, con más frecuencia según el ambiente. Si el contrato de mantención está por debajo de eso, el respaldo del fabricante queda en discusión.

Quién puede abrir el equipo

La guía de Daikin del sistema VRV IV establece que la mantención debe hacerla un instalador o agente de servicio autorizado, y advierte que el daño provocado por desarmar o limpiar el interior de las unidades por alguien distinto de sus distribuidores autorizados puede no estar cubierto por la garantía. Es un punto que conviene revisar antes de contratar al proveedor más barato del edificio.

Los ciclos no son la garantía

Un matiz que casi nadie explica y que evita malos entendidos: el mismo manual aclara que los ciclos recomendados de mantención y de reemplazo de componentes no se relacionan con el período de garantía de esos componentes. Que el fabricante estime la vida de una pieza en cinco años no significa que la cubra cinco años. Son dos cosas distintas y hay que leerlas por separado.

La tarjeta de garantía existe y hay que guardarla

Daikin señala que el producto incluye una tarjeta de garantía completada por el distribuidor al momento de la instalación, que el cliente debe revisar y conservar, y tenerla a mano si necesita una reparación dentro del período de garantía. En una obra grande esa tarjeta se pierde con facilidad entre la recepción y la puesta en marcha. Vale la pena exigirla en la entrega, junto con los manuales y la etiqueta de carga.

Ciclos de inspección y reemplazo por componente

El manual publica dos tablas, componente por componente, con un ciclo de inspección y uno de mantención o reemplazo. En la de componentes principales declara motor eléctrico con inspección de 1 año y ciclo de 20.000 horas, placa electrónica 25.000 horas, intercambiador de calor 5 años, sensores y termistores 5 años, interfaz de usuario e interruptores 25.000 horas, bandeja de drenaje 8 años, y válvulas de expansión y solenoides 20.000 horas. En la de piezas de desgaste: filtro de aire con inspección anual y reemplazo a los 5 años, filtro de alta eficiencia 1 año, fusibles 10 años y calefactor de cárter 8 años. Para las partes que contienen presión, la indicación es contactar al distribuidor en caso de corrosión: exactamente el escenario del borde costero chileno.

Qué pedir antes de comprar

Tres documentos, y se piden en la cotización, no después: las condiciones de garantía por escrito con lo que exigen en materia de mantención; la pauta y frecuencia recomendada por el fabricante para el modelo específico; y la confirmación de quién está autorizado a ejecutar el servicio en la ciudad donde va a quedar el equipo. Ese último punto pesa más de lo que parece si la obra está en Calama, Iquique o una faena, y es uno de los criterios que desarrollamos al comparar VRV/VRF, chiller o split.

Marco chileno, con los artículos a la vista

Qué obliga la normativa chilena en mantención de climatización, y qué no

Es la pregunta que más se responde mal, en las dos direcciones: hay quien dice que no hay ninguna obligación y quien vende un plan diciendo que es exigencia legal. Ninguna de las dos afirmaciones resiste la lectura del texto.

El DS 594 exige un resultado, no un programa de mantención

El Decreto Supremo N°594 de 1999 del Ministerio de Salud, sobre condiciones sanitarias y ambientales básicas en los lugares de trabajo, no contiene un artículo que ordene mantener los equipos de climatización con una frecuencia dada. Lo que hace es exigir un resultado permanente. Su artículo 32 dispone que todo lugar de trabajo deberá mantener, por medios naturales o artificiales, una ventilación que contribuya a proporcionar condiciones ambientales confortables y que no causen molestias o perjudiquen la salud del trabajador. Su artículo 34 fija un volumen mínimo de 10 metros cúbicos por trabajador, salvo que se justifique una renovación adecuada del aire por medios mecánicos, caso en el cual exige aire fresco y limpio a razón de 20 metros cúbicos por hora y por persona, o una cantidad tal que provea 6 cambios por hora como mínimo, pudiendo llegar hasta 60 cambios por hora según las condiciones ambientales o la concentración de contaminantes. Y su artículo 35 agrega que en las áreas ocupadas por los trabajadores la velocidad del aire no debe exceder de un metro por segundo.

La consecuencia es clara: si el sistema deja de entregar ese resultado porque los filtros están cargados, el serpentín sucio o el ventilador desbalanceado, el incumplimiento existe aunque el reglamento no nombre la palabra mantención. Lo que se fiscaliza es la condición del ambiente de trabajo, y esa condición solo se sostiene manteniendo el equipo.

La parte eléctrica del equipo sí tiene obligación explícita

El mismo decreto es directo en su artículo 39: las instalaciones eléctricas y de gas de los lugares de trabajo deberán ser construidas, instaladas, protegidas y mantenidas de acuerdo a las normas establecidas por la autoridad competente. Esa autoridad es la Superintendencia de Electricidad y Combustibles, y sus normas son los pliegos técnicos del Reglamento de Instalaciones de Consumo, que explicamos en la guía de normativa eléctrica y pliegos RIC. Traducido a la mantención de un VRF: el apriete de conexiones, la revisión del interruptor de corte, las protecciones y la alimentación del equipo son trabajo de instalador eléctrico autorizado, no de un técnico de refrigeración sin esa habilitación. En CYS eso lo resuelve el mismo contrato, porque la instalación eléctrica es especialidad propia.

Prevención de riesgos: el DS 44 cambió el marco en 2025

El Decreto Supremo N°44 de 2024 del Ministerio del Trabajo y Previsión Social, publicado el 27 de julio de 2024 y vigente desde el 1 de febrero de 2025, aprobó el nuevo reglamento sobre gestión preventiva de los riesgos laborales y reemplazó a los antiguos DS 40 y DS 54 de 1969. No es un reglamento de climatización y no fija frecuencias de mantención, pero sí obliga a toda entidad empleadora a gestionar sus riesgos con un programa documentado. Si las condiciones ambientales del recinto dependen del sistema de climatización, la evidencia de su mantención es parte natural de esa gestión: por eso el informe escrito de cada visita dejó de ser un lujo administrativo.

En salud, el marco es otro y es más exigente

En hospitales, clínicas y CESFAM la mantención de climatización sí tiene exigencias propias, ligadas a las condiciones de aire de pabellón y a los programas de mantención que se auditan con umbral de cumplimiento. No las repetimos aquí porque están desarrolladas, con sus resoluciones y sus artículos, en la guía de climatización de hospitales y recintos de salud. Esta página es la pauta genérica comercial e industrial.

Quién puede intervenir el equipo

Hay tres filtros distintos y conviene no confundirlos. El del fabricante, que exige instalador o agente de servicio autorizado y condiciona la garantía. El eléctrico, que exige instalador autorizado por la SEC de la clase que corresponda para intervenir alimentación, tablero y protecciones. Y el de competencias laborales: en Chile existe el perfil de Instalador o Mantenedor de Equipos de Climatización y Refrigeración en el catálogo de ChileValora, y el centro FríoCalor de la Cámara Chilena de Refrigeración y Climatización está acreditado para evaluar y certificar en ese perfil, con programas impulsados por el Ministerio de Energía y la Agencia de Sostenibilidad Energética. Seamos precisos con esto último, porque se cita mal: esa certificación acredita competencias, no es una licencia habilitante como la del instalador eléctrico. Sirve para verificar a quién estás contratando, no para reemplazar la autorización eléctrica.

Antes de firmar

Qué debe incluir un contrato de mantención para que sea revisable

Un contrato de mantención se evalúa por lo que se puede verificar después, no por el precio de la visita. Estos son los siete puntos que deberían estar escritos, y que nosotros ponemos en los nuestros.

1. Inventario de equipos cubiertos

Modelo, número de serie y ubicación de cada unidad interior y exterior. Sin inventario no hay alcance: hay una promesa de visitar el edificio. Es también lo que permite que el informe se emita por unidad y no por recinto.

2. Frecuencia diferenciada por tipo de unidad

Cuántas visitas al año a las unidades interiores y cuántas a la exterior, con la recomendación del fabricante como referencia declarada. Si el contrato ofrece una sola cifra para todo el sistema, está por debajo de lo que el fabricante pide para los interiores.

3. La pauta de actividades por visita

La lista completa de lo que se ejecuta, anexa al contrato. Es lo que convierte la mantención en algo comparable entre ofertas: dos propuestas con el mismo número de visitas pueden estar ofreciendo trabajos muy distintos.

4. Valores de referencia y umbrales de alerta

Qué se mide, cuál es el valor esperado y a partir de qué desviación se emite una alerta. Sin esto, el informe es una planilla de números que solo entiende quien la escribió.

5. Consumibles y repuestos: qué entra y qué no

Filtros, insumos de limpieza y refrigerante de reposición dentro de un margen definido suelen ir incluidos; compresores, tarjetas, válvulas y sensores se cotizan aparte. Lo importante es que el límite esté escrito antes y no se discuta después.

6. Correctivo: tiempo de respuesta y forma de cotizar

En cuánto tiempo hay un técnico en terreno ante una falla, cómo se prioriza un recinto crítico frente a uno común, y cómo se cotiza el trabajo correctivo que no está cubierto. Este punto pesa distinto en Santiago que en una faena de Atacama.

7. Plazo, renovación y entrega de la información

Lo habitual son contratos anuales renovables, porque calzan con el ciclo de las pautas de fabricante y permiten comparar un año contra otro. Y una cláusula que casi nadie pone: si el contrato termina, el historial de mediciones se entrega al mandante. Ese historial es del dueño del equipo.

Sobre el precio

No publicamos valores en esta página, y no es una evasiva. El costo de un contrato depende de la cantidad y el tipo de unidades, de su ubicación y sus accesos, de la frecuencia comprometida, del alcance de repuestos y del tiempo de respuesta correctivo. Se cotiza sobre el inventario real del edificio, no sobre un promedio.

Sin detener la operación

Cómo se mantiene un VRF en un edificio, un hospital o una faena que no se puede parar

La ventaja real del VRF en mantención es la modularidad: se interviene por partes. La restricción está en la unidad exterior, en el circuito de refrigerante y en la alimentación eléctrica.

Por unidad, por piso y por sector

Las unidades interiores se pueden intervenir de a una, con el resto del sistema operando. Eso permite programar la limpieza de filtros y serpentines por zonas, en horarios de baja ocupación, sin dejar el edificio completo sin climatización. Es la razón por la que la mantención de un VRF molesta menos que la de un sistema centralizado con una sola manejadora.

Lo que sí requiere ventana

La intervención de la unidad exterior, cualquier trabajo sobre el circuito de refrigerante y todo lo que toque el tablero de alimentación necesitan una ventana coordinada: horario, permiso de trabajo, bloqueo y rotulado, y aviso a los usuarios. Se define con el responsable de operaciones y queda por escrito qué sale de servicio y por cuánto tiempo.

Recintos que no pueden fallar

En un pabellón, una sala de servidores o una faena en turno continuo, la planificación cambia: se trabaja con redundancia si existe, se acota la ventana al mínimo y se acuerda un plan de contingencia si algo no se puede reponer en el plazo. Es el mismo criterio de obra en recinto en operación que aplicamos en recintos de salud.

Una nota sobre el norte, porque es donde más equipos hemos visto envejecer antes de tiempo: el polvo en Calama y Copiapó, y la sal en La Serena, Coquimbo, Iquique y Valparaíso, son exactamente las condiciones que los fabricantes citan para acortar los ciclos de mantención y de reemplazo. Un plan copiado de un edificio de Santiago aplicado a una faena de Atacama va a quedar corto, y la factura llega como un intercambiador tapado o un aletado corroído.
Preguntas frecuentes

Mantención de VRV/VRF: dudas habituales

¿Cada cuánto hay que hacerle mantención a un sistema VRV/VRF?

La frecuencia la fija el fabricante del equipo, no la empresa de servicio, y no es la misma para las unidades interiores que para la exterior. En sus pautas de mantención de sistemas DX y VRF, Mitsubishi Electric recomienda que la frecuencia de visitas no sea inferior a dos por año en la unidad exterior y no inferior a cuatro por año en las unidades interiores, y agrega que la frecuencia puede aumentar según el ambiente donde está el equipo. Daikin, en su guía de referencia de instalador y usuario del sistema VRV IV, recomienda hacer mantención al menos una vez al año y advierte que la legislación aplicable puede exigir intervalos más cortos. La diferencia entre ambas no es contradicción: son mínimos declarados por fabricantes distintos. En la práctica chilena tomamos cuatro visitas al año a interiores y dos a la unidad exterior como piso de un contrato comercial serio, y lo subimos cuando el equipo está en el norte, en borde costero o funcionando las veinticuatro horas.

¿Qué incluye exactamente una mantención preventiva de VRF?

En la unidad exterior: inspección y limpieza del intercambiador de calor, revisión de señales visibles de fuga de refrigerante, revisión de la integridad de la cañería y su aislación, revisión y apriete de todas las conexiones eléctricas incluido el interruptor de corte, medición y registro de tensión y corriente de operación, registro de las horas de funcionamiento de cada compresor, temperaturas y presiones de descarga y de aspiración, y verificación del calefactor de cárter. En las unidades interiores: limpieza de filtros, revisión y limpieza del serpentín evaporador, revisión de la bandeja de condensado y prueba de la bomba de condensado cuando existe, inspección del motor y las aspas del ventilador, medición de la temperatura del aire de entrada y de salida del serpentín tanto en frío como en calor, y verificación del funcionamiento del control. Esa lista no es nuestra: es la que publican los propios fabricantes en sus hojas de mantención, y cada línea termina con una casilla para anotar el valor medido.

¿Es normal tener que recargar gas refrigerante todos los años?

No. Un circuito de refrigerante es hermético por diseño: el compresor de un VRF es de tipo scroll herméticamente sellado y el sistema no consume refrigerante como un motor consume aceite. Si la carga baja, hay un punto que está fugando y ese punto se repara. Recargar todos los años sin buscar la fuga es pagar dos veces: el gas y el daño que la operación con carga baja le hace al compresor. Además, en un VRF la carga no es un dato de catálogo: el manual obliga a calcularla en kilos a partir del largo y el diámetro de cada tramo de línea de líquido, a redondearla a 0,1 kg y a anotarla en una etiqueta que queda pegada en la tapa de la caja eléctrica, junto con la fecha y el resultado de la prueba de estanqueidad. Si nadie sabe cuál es la carga total del sistema, tampoco se puede saber si la recarga de este año fue un 2% o un 20%.

¿Qué pasa si no se hace mantención? ¿Se pierde la garantía del fabricante?

Puede perderse, y está dicho por escrito. Las hojas de mantención de sistemas DX y VRF de Mitsubishi Electric advierten que no mantener el sistema por sobre las recomendaciones mínimas puede dejar la garantía nula y sin efecto. La guía de Daikin del sistema VRV IV agrega dos condiciones que se leen poco: que la mantención debe hacerla un instalador o agente de servicio autorizado, y que el daño provocado por desarmar o limpiar el interior de las unidades por alguien distinto de sus distribuidores autorizados puede quedar fuera de la garantía. El mismo manual aclara algo que conviene tener claro antes de firmar: los ciclos recomendados de mantención y de reemplazo de componentes no equivalen al período de garantía. Antes de comprar el equipo, pide las condiciones de garantía por escrito y revisa qué exigen en materia de mantención y de quién puede ejecutarla.

¿Qué debe entregar la empresa de mantención después de cada visita?

Un informe con valores medidos, no una boleta con la palabra mantención. Debe identificar el equipo con su modelo, su número de serie y su ubicación exacta, la fecha y quién ejecutó el trabajo; listar cada actividad de la pauta con su resultado; y dejar los números medidos con su valor de referencia al lado, para que cualquiera pueda ver si el equipo está dentro o fuera de rango. Después, los hallazgos con la acción ejecutada, y lo que quedó pendiente con el repuesto que falta, el plazo y el riesgo de no hacerlo. Las propias hojas de los fabricantes lo piden así: son formularios con casillas para anotar lecturas, e incluyen la instrucción de monitorear el sistema y guardar y registrar todos los datos. Una mantención sin registro no es auditable, y un contrato que se paga sin informe es un contrato que nadie puede revisar.

¿Se puede hacer la mantención sin detener la operación del edificio o de la faena?

Casi siempre sí, y es una de las ventajas reales del VRF. Las unidades interiores se pueden intervenir de a una, por sector y por piso, con el resto del sistema operando, así que la limpieza de filtros y serpentines se programa por zonas y no obliga a apagar el edificio. Lo que sí requiere ventana es la intervención de la unidad exterior y cualquier trabajo sobre el circuito de refrigerante o sobre el tablero de alimentación. Eso se coordina con el recinto: horario, permiso de trabajo, bloqueo y rotulado, y aviso a los usuarios. En recintos que no pueden fallar, como un pabellón, una sala de servidores o una faena en turno continuo, el trabajo se planifica con el responsable de operaciones y se deja por escrito qué queda fuera de servicio y por cuánto tiempo.

¿Qué debe incluir un contrato de mantención y por cuánto tiempo se firma?

Un contrato revisable tiene siete cosas: el inventario de equipos cubiertos con modelo, serie y ubicación; la frecuencia comprometida diferenciada entre unidades interiores y exteriores; la pauta de actividades por visita; los valores de referencia y los umbrales que disparan una alerta; qué consumibles y repuestos están incluidos y cuáles se cotizan aparte; el tiempo de respuesta ante una falla y cómo se cotiza lo correctivo; y el plazo, la renovación y la entrega de la información al mandante si el contrato termina. Ese último punto es el que más se olvida: el historial de mediciones es del dueño del equipo, no de la empresa de servicio. En cuanto a duración, lo habitual son contratos anuales renovables, porque calzan con el ciclo de las pautas de fabricante y permiten comparar un año contra otro. No publicamos precios: dependen de la cantidad de unidades, de su ubicación y accesos, de la frecuencia y del alcance de repuestos, y eso se cotiza sobre el inventario real.

¿Cualquier técnico de aire acondicionado puede mantener un VRF?

No, y hay tres filtros distintos. El primero lo pone el fabricante: la guía de Daikin del sistema VRV IV es explícita en que la mantención debe hacerla un instalador o agente de servicio autorizado, y advierte que el daño por desarmar o limpiar el interior de las unidades por alguien no autorizado puede quedar fuera de la garantía. El segundo es eléctrico: intervenir la alimentación, el tablero y las protecciones del equipo es trabajo de instalador eléctrico autorizado por la SEC, con la clase que corresponda a la instalación. El tercero es de competencias: en Chile existe el perfil de Instalador o Mantenedor de Equipos de Climatización y Refrigeración en el catálogo de ChileValora, y el centro FríoCalor de la Cámara Chilena de Refrigeración y Climatización está acreditado para evaluar y certificar en ese perfil, con programas impulsados por el Ministerio de Energía y la Agencia de Sostenibilidad Energética. Conviene decirlo con precisión: esa certificación acredita competencias, no es una licencia habilitante como la del instalador eléctrico.

¿Cada cuánto se cambian los filtros y cómo se sabe que ya toca?

El filtro se limpia por calendario y se cambia por caída de presión, que es el mismo criterio que aplicamos en recintos de salud. La limpieza va en cada visita a la unidad interior, es decir al menos cuatro veces al año según la recomendación de Mitsubishi Electric, y sube en ambientes con polvo, con salinidad o con alta ocupación. El reemplazo, en cambio, no se decide mirando el calendario sino midiendo: cuando la caída de presión a través del filtro llega al valor final que declara el fabricante, el filtro se cambia aunque se vea limpio; y si a los pocos meses la caída ya está alta, el problema no es el filtro sino lo que está entrando al recinto. En equipos de expansión directa con filtros lavables, además, hay un límite de lavados antes de que la malla pierda su capacidad de retención. Daikin, por su parte, asigna al filtro de aire un ciclo de inspección de un año y un reemplazo a los cinco años, y al filtro de alta eficiencia un ciclo de un año, dentro de su tabla de piezas de desgaste.

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